Tiempo libre, un disfrute necesario
El tiempo libre es esencial desde el punto de vista psicológico y biológico. Las personas que tienen la facultad de controlar su tiempo de descanso o actividad lúdica, tienen por definición bajo nivel de estrés. Pero un fenómeno no deja de ser paradójico: vivimos una época pletórica en posibilidades materiales, y sin embargo cada vez tenemos menos tiempo para nosotros y la familia.De hecho no hace mucho un informe del Barómetro de la Deuda Social de la Universidad Católica (UCA) dio cuenta que la mayoría de los argentinos carece de tiempo libre, en tanto que los que lo tienen sienten que no lo disfrutan.El trabajo sostenía que seis de cada diez personas en el país trabaja más de lo debido, ya sea por necesidad o por elección. Y un 30% dijo no encontrar placer en sus ratos de ocio.En los grandes centros urbanos las personas trabajan un promedio de 10 horas diarias, a las que hay que agregarle por lo menos dos horas de viaje.En el caso de las mujeres la situación es más complicada todavía, porque muchas deben atender también las tareas del hogarEn este segmento hay que incluir a dos grupos: los que no tienen otra alternativa que trabajar mucho para poder subsistir, y los que pudiendo trabajar menos prefieren no hacerlo.La investigación de la UCA indica que a mayor nivel socioeconómico menor es el tiempo libre. En los niveles medios y altos, el déficit es del 66%, mientras que en los bajos es del 52,24%.Se habla de que hay casos de autoexplotación forzada al interior del grupo familiar por situaciones de pobreza y marginalidad, por tener empleos de muy baja productividad.Mientras que en las clases medias el multiempleo es el modo de progresar socialmente. En este caso es una elección y carga con un motivo psicológico familiarmente valorado.Está instalada de hecho la idea de que tener tiempo libre no está bien visto. La necesidad de una vida activa es un valor de época, y por tanto hay que proyectar la imagen personal de que uno tiene mucho que hacer.Visto en perspectiva global e histórica, nuestra civilización abunda en medios y facilidades.Nuestros antepasados, por el contrario, debían lidiar con la estrechez económica. Procurarse el alimento y las condiciones mínimas materiales dominaba la existencia.Pero el hombre contemporáneo ha alcanzado cotas de bienestar impensadas. En un sentido, comparado con otras épocas, está desbordado por la abundancia. Materialmente, se diría, es un privilegiado.De hecho, la civilización de las máquinas prometía hacernos "ganar tiempo". A mediado del siglo XX muchos vaticinaban que el problema del futuro sería qué hacer con el tiempo libre.Antes se toleraba la penalidad del trabajo con vistas al ocio. El sueño de una sociedad menos alienada era aquella en la cual el hombre quedase liberado del yugo de la producción.Pero al parecer, las nuevas posibilidades de expansión materiales -inéditas en la historia humana- más que liberarnos crean más exigencias. Al punto que hoy estamos inmersos en la cultura del reloj.Incluso el mundo del ocio, que por definición supone la no actividad, ha sido colonizado por requerimientos de todo tipo, ligados al consumo, que son causa también de estrés.Como sea, siempre es necesario contar con tiempo libre entre tantas horas y días de trabajo. Y según los expertos, al despejar la mente saturada eso colabora con nuestra capacidad creativa.El objetivo es liberar la mente de la rutina y el trabajo constante, darle un respiro. Sabiendo, por lo demás, que la vida no se reduce a la productividad.
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