Tirar la comida a la basura no es ético
Todos los días en el mundo se desecha un tercio de los alimentos que se producen. Esto ocurre mientras alrededor de 1.000 millones de personas pasan hambre, según los cálculos de Naciones Unidas.La paradoja hiere la condición humana y los presupuestos de una civilización orgullosa de la abundancia de medios. El mundo desarrollado, aquejado por la crisis económica, está desarrollando conciencia sobre el particular.De hecho el Papa Francisco, en la última Jornada Mundial del Medioambiente, se refirió a la "cultura del descarte", significando que resulta una inmoralidad que acabe en la basura comida que aún puede aprovecharse."Los alimentos que se tiran a la basura se roban de la mesa de los pobres", dijo el pontífice, al cuestionar la desaprensión de tantos consumidores y la lógica de un sistema económico irracional en este punto.Francisco aseguró que "en muchas parte del mundo, no obstante el hambre y la desnutrición existentes, se desechan los alimentos" y enfatizó que "cuando la comida se comparte de modo justo, nadie carece de lo necesario".La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) ha denunciado que 1.300 millones de toneladas de alimentos se desperdician anualmente.El Papa sostuvo que resulta inaceptable tamaño desperdicio de alimentos y pidió reaccionar para que esto deje de ocurrir ante la necesidad y la pobreza de tanta gente. "No es una cuestión de economía, sino de ética y de antropología", dijo.En Europa el tema se ha vuelto muy sensible a la luz de la crisis económica que se vive en el viejo continente. Allí algunos gobiernos han puesto en marcha programas específicos que pretenden neutralizar el problema.En España, por ejemplo, está en vigebcia un plan que se llama "Más alimento, menos desperdicio". Y a la campaña se han sumado distintas organizaciones ciudadanas."Tu basura es mi tesoro" es, precisamente, el tema de una de una de estas plataformas, 'Comida Basura' (en Madrid), que incluso se ofrece a ir a tiendas, supermercados y restaurantes en busca de comida desechada -pero apta- para alimentar a quienes necesitan.En Alemania, en tanto, existe un emprendimiento que cuenta con miles de seguidores y colaboradores, que consiste en compartir alimentos entre particulares, empresas y entidades benéficas.En el país germano existe una web que actúa a modo de 'central' de comida: a través de ella se ponen en contacto personas que, en vez de tirar a la basura alimentos a punto de caducar o que no van a consumir, los ofrecen gratuitamente en una 'cesta online' y los interesados van a recogerlos a los depósitos en centros de recogida en sus respectivas ciudades.A todo esto la FAO ha advertido sobre el costo ecológico (que también es ético) de la práctica del desperdicio de alimentos, señalando que causa "un grave daño a los recursos naturales de los que la humanidad depende para alimentarse".En un informe sobre el particular, habla de que "las consecuencias económicas directas del desperdicio de alimentos (sin contar pescados y mariscos) alcanzan la cantidad de 750.000 millones de dólares".El organismo internacional indica además que los alimentos que se producen pero luego no se comen utilizan un volumen de agua equivalente al caudal anual del río Volga y son responsables del vertido de 3.300 millones de toneladas de gases de efecto invernadero a la atmósfera del planeta.
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