Todas las historias, la misma historia
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Por estos días uno de los máximos científicos de todos los tiempos y sin dudas el mayor viviente, Stephen Hawking, efectuó una sentencia que debería sumir a la humanidad en la desazón más absoluta, sin embargo su observación paso sin pena ni gloria. FUNDAVIDA Advirtió que la raza humana si quiere sobrevivir deberá mudarse a otro planeta, por la simple razón que los elementos necesarios para su sobrevivencia en este, desaparecerán por agotamiento o envenenamiento.Y ni siquiera lo dijo como un exhorto a que la civilización cambie de rumbo, solo fue una reflexión resignada, dando por hecho que lo que ocurre es irreversible.Lo dicho por Hawking fue oído por varios, atendido por casi nadie y tomado en consideración por ninguno, sin embargo, dada la deslumbrante capacidad del autor de La Historia del Tiempo, es definitivamente probable que tenga razón en su anonadante anuncio.La pregunta que nos hacemos casi de inmediato es cuándo ocurrirá, para tratar de calcular si será en tiempos de nuestras vidas o la de nuestros afectos inmediatos, porque de hecho, por más peroratas morales que proclamemos acerca del futuro lejano, nos importa tres velines lo que suceda más allá de dos o tres generaciones que nos sigan en el tiempo.Pero no siempre fueron así las cosas, de hecho el periodo actual en el que estamos aniquilando el patrimonio natural que nos sustenta tiene menos de tres siglos, o sea que aun en tiempos históricos, menos que nada.Los alertas sobre la destrucción de la naturaleza se van disparando cada vez más frecuentemente y en más lugares a la vez.Pero estas alarmas tienen un denominador común que siempre denuncian situaciones en que algunos destruyen elementos esenciales para la vida buscando réditos económicos para sí, en detrimento de las afectaciones que sus actos tengan sobre los demás.Y los picaros siempre van delante de las leyes, porque esta manera de subordinar los bienes comunes para destruirlos en aras de ventajas personales es una novedad en la organización humana, entonces las normas que regulan estos abusos surgen después que estos se han cometido a repetición y sus víctimas efectuado muchos reclamos.Incluso sabias normas consensuadas socialmente como el Principio Precautorio consagrado por nuestra Constitución provincial, son cuestionados e incluso no llevados a la práctica cuando afectan intereses económicos que tienen la capacidad, por esa razón, de seducir con su capacidad de otorgar dadivas pecuniarias, a las voluntades que nos deberían defender porque esa es responsabilidad.Por esta razón, el fallo del Juez Arnolfi, de nuestra ciudad, en el llamado caso Amarras, es aleccionador en muchos sentidos, todos ellos remarcables.En su inusual extensión en este tipo de dictámenes, más de cien folios, no deja ningún aspecto sin considerar, transformándolo en una pieza de jurisprudencia que será de consulta obligada en los tiempos que se vienen en que cada vez más los intereses económicos que se benefician con la destrucción impune de los bienes naturales se apoyan en la falta de antecedentes jurídicos de las presentaciones que tratan de proteger los bienes comunes imprescindibles para la vida.La lucha de intereses que se ha iniciado, enfrentando la sociedad con quienes buscan beneficios a costa de bienes naturales, es como la colisión de dos témpanos o de las placas tectónicas continentales, se inicia suavemente pero sus efectos serán cada vez mayores e ineludibles para todos.Estos eventos tienen un denominador común, observando estas historias y conflictos y yendo a sus explicaciones primeras, siempre nos encontraremos la misma historia, el enfrentamiento del interés público y el interés privado.Basta con hacer un inventario de los reclamos de hoy en nuestro país y veremos que los principales nodos de conflicto son entre las empresas mineras, por estos días, la Barrick Gold de San Juan que con la anuencia cómplice de las autoridades políticas, como es el caso de gobernador de esa provincia, José Luis Gioja, que en su momento mintió que este emprendimiento crearía cincuenta mil puestos de trabajo y multimillonarios recursos para el Estado provincial y ahora se sabe que es beneficiario directo de las compras de la minera a través de empresas a él vinculadas que proveen a sus establecimientos.O el caso de Botnia (UPM) que en situación similar de complicidad con el poder político terminó esquilmando la economía de nuestros vecinos y contaminando las aguas de nuestro compartido río Uruguay con los millones de litros que toma diariamente de su curso para su proceso industrial.Tenemos la obligación de estar atentos y comprometernos en el apoyo de quienes con valentía, como es el caso del Dr. Arnolfi, asumen nuestra representación y la defensa del patrimonio de la vida y la naturaleza.
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