¿Todo lo que tocamos se desinfla?
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Campaña, reproches, anuncios, palabras cruzadas, contradicciones, pérdida de memoria. A un mes y medio de las internas abiertas el clima político se calienta. Mario Alarcón Muñiz No bien cerraron las listas para las elecciones primarias del 11 de agosto, se largó la campaña. En realidad ya estaba lanzada, principalmente por parte de los gobiernos nacional y provincial sin que le fueran en zaga algunos partidos opositores, pero lo cierto es que se intensificó esta semana. Ya nadie queda excluido de los remolinos electorales.Nada menos que un lanzamiento de campaña constituyó la visita de la Presidenta a Entre Ríos el martes pasado. Apenas estuvo aquí un par de horas con motivo del bicentenario del reconocimiento oficial de la villa del Paraná, sin tomar contacto con nadie -según es habitual- a excepción de los colaboradores más cercanos.No obstante, le sobró media hora de discurso para defender la reforma judicial rechazada por la Corte Suprema de Justicia, referirse a las corporaciones que nunca identifica -salvo a Clarín-, apuntar a las alianzas opositoras (o "rejuntes", según deslizó), recordar a su extinto esposo señalándolo como "el mejor presidente de los últimos 50 años", reconocer la lealtad del gobernador Urribarri, hacer suyo el proyecto del puente Paraná-Santa Fe y convocar a la unidad nacional. ¿Acordamos o peleamos?La Presidenta invitó a "reconstruir el acuerdo nacional", subrayando que esto no significa "estar de acuerdo en todo, sino en las cosas fundamentales", además de aclarar que no considera enemigo a quien piensa distinto. Reconforta que la principal figura política de nuestro país se exprese de esa manera. Es lo sostenemos periódicamente en esta columna. Sucede, sin embargo, que la realidad muestra lo contrario. Son demasiado frecuentes las descalificaciones y agravios a quienes sostienen ideas diferentes. Lo observamos a diario.Ayer nomás, al mediodía, sólo cuatro días después, en el acto de lanzamiento de los candidatos oficialistas que tuvo lugar en Buenos Aires, la Presidenta negó toda posibilidad de consenso. "Se defienden intereses y eso no se consensúa, se lucha", dijo. ¿En qué quedamos? ¿Acordamos o peleamos? Buena memoriaTambién el gobernador Urribarri tropezó el martes con la contradicción. Su discurso fue uno más de campaña electoral, pero en determinado momento, al referirse a la visita de Néstor Kirchner a Paraná en 2003, a 48 horas de haber asumido la Presidencia para poner fin al conflicto docente, enfatizó: "Estaba cerrando una década de neoliberalismo salvaje".Suena bien esto. Sobre todo a quienes siempre hemos planteado nuestra disconformidad con el "neoliberalismo salvaje". Siempre. No sólo ahora. Hay pruebas.No es una exageración reclamarle memoria a los políticos, menos aún cuando desempeñan funciones relevantes. En esa década de "neoliberalismo salvaje", Urribarri era legislador provincial. Lo fue entre 1991 y 2003. Doce años. Salvo los últimos cuatro, el resto integró el oficialismo, primero con Moine, luego con Busti. Entonces conviene recordar que votó a favor sin vacilar y sin chistar -además de otras muchas- dos leyes emblemáticas del "neoliberalismo salvaje": en noviembre de 1994 la 8866 de privatización del Banco de Entre Ríos y en agosto de 1995 la 8916 de privatización de la empresa de energía (Epeer).("Es la memoria un gran don / calidad muy meritoria", dice nuestro padre, Martín Fierro.) El puente de papel Más allá del torrente de palabras, entre los actos del martes se destaca la firma en público, ante miles de personas, de un acuerdo para construir el puente Paraná-Santa Fe. Tanto la Presidenta como los gobernadores Urribarri y Bonfatti, de Entre Ríos y Santa Fe respectivamente, suscribieron la documentación correspondiente.Cabe reconocer a los oficialismos nacional y provincial su aptitud para inflar proyectos y armar promociones que después se pinchan en silencio. Ojalá lo del puente sea una excepción y se logre. El túnel subfluvial ya va para 44 años y si bien funciona en buenas condiciones porque su mantenimiento parece correcto, conviene recordar que sus fundadores, entre fines de la década de los '50 y principios de los '60, suponían que en el 2000 habría ya otras formas de enlace entre las dos provincias. No pensaron jamás en el estancamiento que nos afectaría después, producto del reñidero nacional por cuestiones menores.Sin embargo, la firma del acta del martes presenta todas las características de una escenificación de circunstancias si uno recuerda que el 2 de setiembre de 2010 -pronto se cumplirán tres años- los gobernadores de Entre Ríos y Santa Fe, Urribarri y Hermes Binner, suscribieron un acuerdo para construir el puente. También entonces la ceremonia fue objeto de gran promoción. Uno se pregunta entonces, ¿cuántos papeles más habrá que firmar para llegar a la obra?Sobre la base de aquél convenio de 2010, se reunieron varias veces funcionarios de ambas provincias, tanto en forma directa como dentro del marco de la Región Centro. Hace un año y medio se anunció el avance hacia la licitación de los estudios previos que permitieran elaborar el proyecto definitivo y en consecuencia la posterior licitación de la obra.Una última novedad acaba de aportar el ministro de Obras Públicas de Santa Fe, Julio Schneider, anunciando anteayer que "ahora viene el llamado a licitación de una consultoría privada para avanzar hacia un proyecto definitivo, previo estudio de la ubicación, la traza, las características de ingeniería y el estudio de impacto ambiental". Es razonable. Pero quiere decir que no se ha hecho nada, fuera de los anuncios rimbombantes.Al final, ¿todo lo que tocamos se desinfla? En una de esas ya estaba desinflado.
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