Todos contra todos para saber quién es quién en un año electoral
Todos contra todos, parece el lema. El gobierno contra el Grupo Clarín, los opositores contra el gobierno, periodistas contra periodistas y todas las miserias expuestas en un año electoral en el que a más de uno se le va la vida. Política claro está. Cuánto nos falta para ser una democracia madura.Jorge BarroetaveñaLos procesos electorales son una parte fundamental de la democracia. Sin ellos no existen los juegos de mayoría y minoría y no se puede conocer con exactitud cuál es la voluntad del electorado. Pero no son un fin en si mismo ni representan el comienzo de una nueva era.Esa costumbre, mala, en la que suelen caer los políticos argentinos de adjudicarle a cada elección un significado épico, como en ello se les fuera la vida. Y la Argentina después del 27 de octubre seguirá su derrotero, con Cristina, sin Cristina, con oposición o sin oposición o con el Grupo o sin el Grupo Clarín.La verdad que el tono épico y refundacional que cada gesto presidencial tiene aburre, por un detalle importante: el kirchnerismo cumplirá el próximo 25 de Mayo diez años en el poder y nadie podrá decir que no supo cómo usarlo ni conseguir los objetivos que se propuso. ¿Qué va a cambiar pues después de octubre? La propia Presidenta le restó dramatismo el miércoles cuando desde La Matanza, advirtió que ella no impulsará cambios en la constitución. De sus palabras se desprende que no buscará la re-re y que tendrá que designar a un sucesor para la herencia del poder.Que eso causará cimbronazos en el peronismo nadie lo duda, pero no debería pasar de eso, una instancia más de la democracia en la que, si hay diferencias, deberán ser los propios afiliados o ciudadanos en una interna abierta los que decidan.Al cabo, el peronismo deberá resolver, en lo posible sin cargarle el fardo al resto de la sociedad, si se abraza al 'progresismo' del modelo nacional y popular con un candidato ad-hoc o si opta por una opción más 'derechosa' como podrían ser Scioli o Massa. El resto tendrá que ver dónde se sitúa a partir de esta definición madre y si 'empioja' o no con sus actos el sistema político. Sólo así otras expresiones políticas tendrán posibilidades ciertas de gobernar un país que el peronismo ha construido a su modo y semejanza.El kirchnerismo sin Kirchner todavía no encuentra el rumbo. Por algo muy sencillo como que Cristina no es lo mismo que Néstor y los tiempos políticos también han cambiado. Las sociedades modernas se cansan más rápido de sus liderazgos, porque el desgaste al que se ven sometidos los políticos es grande e intenso.Los medios de comunicación, las redes sociales, y la multiplicidad de demandas, vuelven la realidad más compleja, más difícil de comprender y por ende menos inasible para la política. Y es lógico que las clases dirigentes paguen el pato, porque son las más expuestas. Por eso, pretender extender los tiempos políticos, forzando ciertas situaciones, no es bueno.Eso no significa que un proyecto se tire por la borda. Si fuera así es porque depende de una sola persona y eso no habla bien ni de su fortaleza ni de su contenido. Si el kirchnerismo pretende que su legado sea bien resguardado, deberá encontrar los intérpretes más aptos, más allá de Cristina Fernández. Si no puede hacerlo o no quiere hacerlo, habrá hipotecado, lo que ellos mismos autodenominan la 'década ganada'.A escasos 5 meses de las legislativas, la estrategia oficial trata de abrirse camino entre tanta hojarasca. Tanteando en la oscuridad, sabe que cuenta con dos ventajas. El aquelarre opositor y las pocas bancas que debe renovar en el Congreso. Con poco, inclusive perdiendo, podrá ratificar su supremacía legislativa, aunque no será lo mismo ganar que ser derrotado.Es a lo que el gobierno le teme, aunque un escenario similar se produjo en el 2009, al que le siguió la recuperación del 2011. El detalle es que deberá afrontar ese desafío sin su máxima y por ahora única figura. Allí estará el gran interrogante después de octubre. Claro que tampoco será lo mismo ganar que perder. Si ocurre lo segundo, algo impensado hoy, habrá que ver hasta dónde llega la diáspora en el peronismo, siempre atento a oler la sangre de la derrota.De la percepción de la Presidenta depende la estrategia que tendrá el kirchnerismo. La decisión de seguir peleándose con la prensa y con el Grupo Clarín en particular no luce acertada. En el 2011, cuando la Presidenta bajó el perfil y se alejó lo que más pudo de la confrontación, fue todo ganancia.Cada vez que decide salir a confrontar, rodeando de épica su lucha, deja contentos a sus seguidores pero siembra de dudas al resto. Y la construcción del poder no se hace desde un solo lugar: en el 2011 obtuvo la reelección con el apoyo de los sectores populares y buena parte de la clase media. Sin esa combinación, la permanencia en el poder de los sureños corre serios riesgos.Abusar del estilo confrontativo, olvidando los problemas reales, es una apuesta fuerte de resultado incierto hoy, que ya no le sirvió antes al kirchnerismo. Será por eso que con 'Lula' de testigo la Presidenta decidió el jueves hablarle a la clase media, ese sector social que sabe concentra muchos cuestionamientos. Si ya la apoyó antes porqué no habría de volver a hacerlo, es el razonamiento lógico. Ese divorcio y su magnitud se verán en octubre. De eso dependerán los dos años que aún le restarán de mandato a la Presidenta y la continuidad del modelo que arrancó con Kirchner en el 2003. Como siempre, a todo o nada.
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