DESGASTE INNECESARIO Y EL ESPEJISMO DE LA ECONOMÍA
Todos los gobiernos se pierden: el de Milei no es la excepción
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Al igual que en los años noventa, la gestión libertaria confía en que los números macroeconómicos taparán los ruidos políticos. Sin embargo, la resistencia a desplazar a funcionarios cuestionados y la falta de explicaciones claras abren un flanco de debilidad. El Gobierno arriesga su capital político apostando todo a una reactivación de la microeconomía que aún no llega a los bolsillos.
¿Cuál es el momento en que un gobierno se pierde? ¿Cuál es el momento en que abandona un registro que lo llevó al poder y opta por darle la espalda a un reclamo extendido y justo? Es difícil saberlo, pero es un karma que, más temprano que tarde, a todos les llega.
Es probable que, en los cálculos oficiales, se apueste todo a la economía. Es una película que ya vimos. Para los más jóvenes: en los ’90, cuando la ‘estrella’ de Menem brillaba en el cielo de la economía, de la mano de un tal Domingo Cavallo y su convertibilidad, las denuncias de corrupción arreciaban y golpeaban una y otra vez el entorno presidencial. Poca influencia tuvo eso para las legislativas, la reforma de la constitución y la reelección del riojano en el ’95. A medida que la convertibilidad fue haciendo agua, empezaron a entrar las balas. Ya sabemos cómo terminó aquella historia, con el gobierno de la Alianza, ‘reivindicando’ la vigencia del uno a uno, porque eso era lo que la sociedad demandaba.
La historia suele repetirse a modo de tragedia. Y lo que pasa hoy con el inefable Adorni tiene puntos de contactos con el pasado, no tan lejano. La tozudez de no pedirle la renuncia por parte del Presidente Milei y la indignidad del propio funcionario para presentar su renuncia, hacen la tormenta perfecta. ¿Qué hace que un gobierno que ha batido todos los récords echando funcionarios, por mucho menos que esto, no tome ahora la misma decisión?
¿Por qué someterse a un desgaste innecesario ante la opinión y darle servida en bandeja la bandera de la corrupción a la oposición? El ‘somos todos iguales’ bien podría ser un slogan de campaña para el año que viene. Pero no quedaría bien semejante ‘sincericidio’.
El todavía Jefe de Gabinete no colabora para aclarar, todo lo contrario, oscurece cada vez que habla. Argumentar que encontró plata en la casa de su padre o los fondos salieron por inversión en criptomonedas, cuando hay grabaciones en las que se contradice, es imperdonable. Para la política, y eso que tiene sus propios códigos, hay algo válido para cualquier actividad humana en la que hay que dar explicaciones: hay que ser simple y entendible. Encima, si te vas a tomar tres meses para aclarar lo que pasó, hacelo creíble. Con nada de eso cumplió Adorni, a esta altura una caricatura de sí mismo.
La agonía es tan extensa como inútil. El funcionario no quiere renunciar y tampoco Milei lo quiere echar. Por ahora las encuestas confiables (¿) afirman que la oposición no ha podido capitalizar el derrape de la gestión mileísta, pese a que se sigue extendiendo. Demasiado imbuidos parecen estar en las alianzas internas y en el rearmado del peronismo que todavía tantea entre Kicillof y Cristina que ya pasó su primer año presa y condenada por corrupción. Ahí también pasa el tiempo y el PJ parece que no puede salir de ese pantano. No pasa día que el kirchnerismo no le recuerde a su principal candidato a la Rosada, no se vislumbra otro de peso por ahora, que Cristina está presa, injustamente condenada por la política y el sistema.
Todos los caminos lo llevan al gobernador de Buenos Aires a la confrontación interna. No le quedará más remedio que dirimir en las urnas y ratificar su liderazgo, pese a quien le pese. De lo contrario tendrá que llevar una cruz que le condicionará cada paso y lo distraerá de su objetivo principal que es el retorno del peronismo al poder.
Hace una semana, el Ministro Caputo puso blanco sobre negro: “la economía se va a llevar puesta a la política”. Tiene algún punto de contacto con lo que alguna vez dijo un presidente norteamericano, “es la economía, estúpido”. Se basan en la historia reciente y en lo que pasó en la década menemista. Y después también. Néstor Kirchner ganó por la economía, Macri perdió por la economía y Alberto volvió por lo mismo. La política se subsumió ante la bonanza o la debacle, sin términos medios.
La economía, por primera vez en meses, ha emitido algunas tibias señales. Pero sigue sin alcanzar la micro que anda a los ponchazos. Hay sectores puntuales que viven otro clima, pero la calle todavía no lo siente. La gente teme por su trabajo, no le alcanza para llegar a fin de mes y el que queda afuera del mercado laboral, no puede conseguir otro laburo. La baja de la inflación es un placebo que dura un tiempo. Cuando la sociedad lo internaliza, las demandas pasan a otra etapa. Son los desafíos que enfrenta cualquier gobierno que estabiliza la economía. Milei apuesta a eso, pero es rehén de su propio accionar. Lo hace ante una sociedad dividida, más radicalizada desde que llegó en el 2023. No hay términos medios: será la paz del cementerio o el crecimiento por los próximos 50 años.

