Tomar medicamentos o cambiar el estilo de vida
El hombre occidental se ha acostumbrado a las terapias farmacológicas para atacar las enfermedades. Esperarlo todo de una pastilla milagrosa es el paradigma dominante en el mundo de la salud.Sarah Harper, profesora de Gerontología de la Universidad de Oxford, en un artículo del diario británico The Guardian, se pregunta acerca de los beneficios del costoso modelo de hospitales, equipamiento médico y nuevos medicamentos.El tema del gasto no es un tópico menor. A las sociedades cada vez les cuesta más financiar los gastos de las prestaciones médicas. El sector salud, así, consume tajadas más grandes de la renta socialmente producida.Harper especula sobre el hecho de que mientras el consumo excesivo de alimentos y de alcohol se ha convertido en la amenaza del siglo XXI, sin embargo las muertes esperadas por causas relacionadas con la obesidad parecen haberse reducido en la última década en los países industrializados.La obesidad, aclara, no mata por sí misma pero lleva al aumento de la diabetes y otras enfermedades crónicas como el cáncer y las afecciones cardiovasculares.¿Cómo es posible que mientras las tasas de obesidad y sobrepeso son altas y con tendencia ascendente, eso sin embargo no se refleja en el número de muertes, en forma proporcional a la pandemia?"Una explicación probable -refiere Harper- es que el mayor uso de terapias farmacológicas ya está teniendo incidencia, lo que compensa nuestra estilo de vida poco saludable y hace caer las tasas de mortalidad".La menor tasa de mortalidad, así, estaría dándole la razón a la cultura sanitaria en Occidente, donde predomina la opinión de que cualquier dolencia puede resolverse con un medicamento.El problema, razona la especialista, es que se crea finalmente que todo el mundo puede ponerse saludable mediante la toma de químicos ficticios patentados (fármacos) en vez de abordar las cuestiones fundamentales de nutrición, ejercicio y exposición a químicos de consumo."Debemos preguntarnos si queremos que nuestro futuro sea uno en que comencemos a tomar comprimidos a una edad cada vez más temprana en lugar de comer sano, dejar de fumar, reducir la ingesta de alcohol y hacer ejercicio", argumenta.Se trata de una perspectiva en la cual, para atacar las enfermedades crónicas evitables, se puede seguir consumiendo medicamentos, una solución que beneficia a los intereses de la industria hospitalaria, a los grandes laboratorios farmacéuticos y a determinados servicios médicos. La creciente demanda de este tipo de tratamientos farmacológicos confirma la creencia, por parte de un sector importante de la población, de que "se puede comer mal, beber en exceso y luego tomar un comprimido", postula Harper.Sin embargo, la especialista dice que hay antecedentes de éxitos evidentes por el lado de la medicina preventiva. Las muertes por enfermedades cardíacas se redujeron a la mitad entre 1980 y 2000. ¿Qué produjo ese cambio? "Sencillamente, la llegada de la primera generación de hombres no fumadores en la vejez", contesta.La pregunta que cabría hacerse es: la mejor medicina, ¿es aquella que alivia la dolencia, a veces mediante el paliativo de los remedios, cuyo consumo es cada vez más costoso?¿O la que evita la enfermedad instando a las personas a modificar su forma de vida, y de esta manera avanzar sobre las causas de los desarreglos físicos?El camino correcto parece ser aquel que ataca el verdadero problema, educando a los pacientes acerca de una dieta o ejercicio, y prescribiendo lo menos posible los fármacos, más allá de que ayuden a tolerar el sufrimiento.
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