Trabajo: el ideal de hacer lo que se ama
Gran parte de nuestra existencia la pasamos en el trabajo. ¿Condena o palanca para la autorrealización? ¿Motivo de desdicha o aventura en la que se juega la felicidad individual? Carlos Marx decía que en el sistema capitalista los obreros están "alienados" de los bienes a cuya producción dedican la mayor parte del tiempo. Pensaba que el día que fueran propietarios de sus productos, serían felices y dueños de su destino.El origen de la desdicha de los asalariados está, decía, en la sociedad de clases. Más allá de la validez del diagnóstico de Marx, habrá que convenir que de él se deduce una visión sombría del trabajo, causa de dolor y sufrimiento.En el mundo de la sociología del trabajo, suelen hacerse análisis para determinar si es factible encontrar felicidad en él. Algunos estudios empíricos indican que la carga de trabajo es distinta según sea intelectual o manual.En otros se determinó que cuando la persona se siente más libre y no actúa como autómata está más satisfecha.También se sabe que es clave la recompensa por la tarea, aunque el concepto trasciende el salario. Y aquí juega el reconocimiento de jefes, pares y subordinados.El español Miguel de Unamuno (1864-19346) escribió páginas interesantes sobre el tema. Señaló que aquel texto bíblico de "comerás el pan con el sudor de tu frente", no quiere decir que Dios condenase al trabajo, sino a la penosidad de él."Al trabajo mismo no pudo condenarle, porque es el trabajo el único consuelo práctico de haber nacido", razona el español. A favor de su tesis aclarar que antes de que se produjese la "caída", Dios había puesto al hombre en el Paraíso para que lo "guardase y labrase".Unamuno sostiene que hay que cambiar el eje de la discusión del conflicto social. En su opinión, más que un problema de reparto de riqueza, lo que hay que resolver es un "problema de reparto de vocaciones".Siguiendo esta lógica, habría que ir a un sistema social en el que el hombre pueda elegir, sin coacción alguna, el oficio que le gusta. Se trata de una idea que busca expurgar al trabajo de su condición de castigo, conectándolo con la realización personal.¿No es una utopía -otra más- pensar que se puede ir a una sociedad donde cada quien pueda laborar en aquello que desee, independientemente de las penalidades inherentes a cada tarea?Para el desaparecido fundador de Apple, Steve Jobs, la clave de la vida pasa por seguir la vocación. En el discurso que brindó en la Universidad de Stanford, Estados Unidos, en 2005, exhortó a los jóvenes a ser consecuente con ese llamado interior."A veces la vida te golpea con un ladrillo. No perdáis la fe. Estoy convencido de que la única cosa que me ha mantenido en pie ha sido amar lo que hago. Tenéis que encontrar lo que amáis. Vuestro trabajo es una parte muy importante de la vida, y la única forma de quedar satisfechos es creer que están haciendo algo grande. Amad lo que hacéis".Jobs aseguraba que hay que permitirse descubrir las actividades que más nos gustan. De esta manera uno puede dar lo mejor de sí y aprovechar al máximo su vida, talento y creatividad. Pero a la vez, al hacer aquello que se ama, también se beneficia a los demás, porque reciben de nosotros lo mejor que podemos ofrecer.¿Cómo saber aquello a lo que de alguna manera estamos llamados a ser? ¿Cómo descubrir esa potencialidad que hay en nosotros, cuya realización nos haría felices, al tiempo que cumpliríamos nuestra vocación más alta?
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