Tragedia ferroviaria: la cuestión de fondo
Existirá la tentación de zanjar el "cromañón ferroviario" con la explicación reductora de que los accidentes existen. Pero a costa de abstenerse de averiguar si el siniestro es producto de la desidia o negligencia de quienes operan y deben controlar el servicio.Trazar las fronteras de la culpabilidad no sólo responde a la ineludible cuestión de por qué el choque de un tren en el Once, que dejó un tendal de muertos y heridos.Implica ir a fondo con la cuestión, en obsequio de la verdad y la justicia, y para reparar moralmente a las víctimas. Con la idea de que, llegado el caso, hay que evitar a toda costa que se genera una situación de impunidad.¿Es cierta la hipótesis de que, como plantean algunos críticos del transporte de trenes, se asiste a una crónica de una tragedia anunciada, en el sentido de que esto se veía venir en función de la precariedad en la que se viajaba?Hay razones para sospechar que el luctuoso episodio de Once se enmarca en un escenario ferroviario crítico, tanto por el estado que revista la infraestructura, como por las condiciones operativas en que se presta el servicio.En la tarea de deslindar responsabilidades seguramente se pondrán bajo la lupa las razones técnicas que provocaron el choque -por ejemplo si es cierto que no anduvieron los frenos- y el papel que le corresponde a la concesionaria privada Trenes de Buenos Aires Sociedad Anónima (TBA).Pero el deficitario estado de los ferrocarriles, que sirve de marco al siniestro, sería algo imputable también a los funcionarios del Gobierno nacional que tienen a su cargo la ejecución de política de transporte.Al respecto, trascendió que la Secretaría de Transporte contaba en 2010 con un informe lapidario sobre TBA donde se denunciaba que la concesionaria, que recibe millonarios subsidios del Estado para su funcionamiento, no cumplía con el plan de mantenimiento del servicio.Sectores gremiales ligados al ferrocarril, sostienen que la línea Sarmiento, en manos de TBA, exhibe un marcado atraso tecnológico y una extensa lista de promesas y obras incumplidas.Se habla de que por falta de inversiones, la línea funciona al límite con vías de la década de la década del 50, con trenes que tienen más de 50 años de vida y con sistemas de señalamiento y de seguridad que rozan la obsolescencia.Las declaraciones de los representantes de la Unión Ferroviaria, el principal sindicato en el que están nucleados los trabajadores del sector, son especialmente graves.El delegado gremial Edgardo Reynoso aseguró que el tren que chocó en la estación Once estuvo dos meses parado por "problemas de freno".Según explicó, para que el frenado esté en óptimas condiciones de funcionamiento en ese tipo de máquina, debe tener 8 compresores."El sábado 18 se le pusieron 3 compresores, aunque la formación tiene que tener 8, y salió a la línea. El lunes 20 se le cambió un compresor que se había quemado, y salió nuevamente a la línea. Esta vez (el día de la tragedia) salió con cinco compresores", aseguró.Además, agregó, ese miércoles "hubo otras tres formaciones que tuvieron problemas de frenos (...) este es un problema recurrente, que nuestros compañeros que trabajan en los talleres y se ocupan de estas tareas vienen denunciando". "El tren no estaba en condiciones de salir a dar el servicio", lanzó.Se está frente al tercer accidente ferroviario más grave de la historia del país. ¿Cuál es el papel que le cabe al privado y al Estado en este desastre? ¿En qué medida este episodio no marca un antes y un después en el servicio?.
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