Traición: a un gobierno peronista jamás se le puede hacer un paro
:format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/adjuntos/240/imagenes/000/615/0000615903.jpg)
Es difícil de digerir que a un gobierno peronista, sindicatos peronistas le hagan un paro. Acá no cuentan los 13 a Alfonsín o los 7 a De la Rúa. Casi ni el anterior que encabezaron estos mismos protagonistas hace un año y medio. A la digestión se suma, cómplice, la explicación. Aunque luce complicado, no lo es tanto. Jorge Barroetaveña Salvo Barrionuevo que ha sido un contumaz opositor al kirchnerismo, el resto de los sindicatos que encabezaron el paro del jueves vivieron bajo el ala kirchnerista durante mucho tiempo. Es necesario recordar la importancia de Hugo Moyano y sus camioneros en los primeros años de la gestión de Néstor Kirchner. ¿Es necesario sobre abundar sobre la alianza estratégica que el ex presidente sureño estableció con el camionero para dominar las calles y evitar que los reclamos sociales se salieran de madre? Es obvio que no, tanto como el crecimiento exponencial del sindicato de camioneros al amparo del poder político que, intencionalmente, optó por hacer la vista gorda dejando a un lado la estructura ferroviaria. El poder Moyano creció y creció, al punto de hacer hace unos años un acto en Plaza de Mayo para reclamarle a Cristina lugares en las listas de candidatos. Tan lejos llegó que su sueño de convertirse en el 'Lula' argentino lo emborrachó durante mucho tiempo.¿Qué negocios se rompieron para que esta alianza se hiciera trizas? Sólo los protagonistas de esta historia lo saben, pero es probable que la desaparición física de Néstor Kirchner haya sido clave. Moyano hablaba mano a mano con el santacruceño, se conocían mutuamente las mañas pero sabían que, al final del camino, los dos se necesitaban. Y Cristina siempre fue refractaria al viejo poder de los caudillos sindicales peronistas, con origen en la derecha del '70. Así arrancó el distanciamiento, que ha tenido su punto máximo esta semana. Por eso es todo más inexplicable para el gobierno: que un par como Moyano les salga a reventar las calles de silencio con una huelga a un gobierno peronista. No cierra por ningún lado para la lógica del kirchnerismo.Lo que pasó el jueves en las calles de los grandes centros urbanos de la Argentina bien podría compararse con un partido de fútbol y el viejo debate entre el 'jogo bonito' y los resultadistas. La izquierda, con el consentimiento implícito del tándem Barrionuevo-Moyano aisló la Ciudad de Buenos Aires. Y la decisión postrera de los gremios del transporte de adherir a la medida, se convirtió en la frutilla del postre. Esa imagen de calles vacías sólo se vio a principios de la década pasada cuando el gobierno de De la Rúa se debatía en su agonía final. Pero claro, era un gobierno radical, no peronista como el de ahora. No se trató pues de una cuestión de métodos sino de resultados. Estos muchachos algo saben de esta historia.El contexto también los favorece. Salarios carcomidos por la inflación, eliminación de subsidios, aumento de impuestos y un gobierno cuyo poder tiene fecha de vencimiento. ¿Cambiará algo a partir de ahora? Es probable que nada porque suena impensado que la Presidenta ordene convocar a los levantiscos. Igual, no come vidrio y en las próximas horas se anunciaría otra suba en el piso del mínimo no imponible, parte del corazón del reclamo del jueves.Es extraño porque el discurso oficial niega lo innegable pero sus actos empiezan a desmentirlo. El narcotráfico no creció en la Argentina pero esta semana se hizo el operativo más grande la historia en Rosario para recuperar zonas perdidas a manos de los delincuentes. No hay inflación, pero Fábregas se colgó del dólar en el mercado, lo maneja con mano dura y trata de cerrar la canilla de la emisión, negándose a seguir financiando el déficit público. No habrá más endeudamiento pero el Ministro de Economía Axel Kicillof no para de gastar energía para convencer a los banqueros del Club de París de la conveniencia de aceptar la propuesta argentina de pago. No habrá más relación con el FMI pero el nuevo índice inflacionario nació por un pedido de ese organismo y el mismo FMI acaba de 'elogiar' la reducción de subsidios en gas y agua, aunque dijo que son necesarias más medidas. Cuando llegue el momento de revisión de las cuentas, para poder acceder a los 'benditos' o 'malditos' según cómo se los mire, créditos internacionales, ¿cuál será la explicación?Esta lógica-ilógica también inunda la política. Cada crítica, cada embate, cada golpe que le asestan, hace crecer la figura de Sergio Massa. Le dan lo que busca, que es estar en el centro del escenario. En esto quizás haya una explicación más terrenal, que se acerca más a la impotencia de la traición que al raciocinio de la estrategia. ¿Por qué? Porque Massa es una astilla del mismo palo. Fue mandamás del ANSES (la principal caja del estado), y Jefe de Gabinete. ¿Nadie conocía sus orígenes en aquel momento? ¿No se dieron cuenta que era un inútil que respondía a las corporaciones para ascenderlo a semejantes cargos?Massa es, en esencia, fruto del kirchnerismo, y aprendió muchas de sus tácticas de guerrilla. Es probable que a esta altura, si a la Presidenta le preguntan a quién prefiere como rival, opte por Mauricio Macri. Ese sí es un espejo en el cual refractarse y fácil para marcar diferencias. Massa es peligrosamente parecido a lo que dice no ser, aunque la sociedad lo perciba de manera diferente.En último caso, Daniel Scioli representa el mal menor para seguir teniendo un mínimo control en la transición. El kirchnerismo ya demostró que lo puede disciplinar y de él, es difícil, por no decir imposible, esperar una traición como la de Massa. En el juego del mal menor, es evidente que el gobernador bonaerense lleva las de ganar.
ESTE CONTENIDO COMPLETO ES SOLO PARA SUSCRIPTORES
ACCEDÉ A ESTE Y A TODOS LOS CONTENIDOS EXCLUSIVOSSuscribite y empezá a disfrutar de todos los beneficios
Este contenido no está abierto a comentarios


