Transformar el Estado no es destruirlo: la IA como oportunidad para Gualeguaychú
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Estamos entrando en una etapa en la que la Inteligencia Artificial (IA) va a cambiar profundamente la manera en que trabajamos, producimos, aprendemos y también la forma en que gestionamos nuestras ciudades. La pregunta para Gualeguaychú no debería ser si vamos a usar IA, sino cuánto tiempo vamos a tardar en entender todo lo que podemos hacer con ella. Hoy gran parte del uso de estas herramientas sigue concentrado en comunicación, generación de textos, imágenes o tareas administrativas simples. Está bien, pero es apenas una parte mínima de su potencial.
Una ciudad como la nuestra podría utilizar IA para resolver problemas mucho más concretos. Podríamos analizar miles de reclamos de vecinos y detectar cuáles son los problemas que se repiten en cada barrio o cruzar datos de tránsito, obras e infraestructura de agua para anticipar inconvenientes en lugar de reaccionar tarde. Todo eso ya es posible. No requiere imaginar una ciudad futurista, sino organizar mejor la información que ya tenemos y utilizarla para tomar mejores decisiones.
Lo mismo vale para la relación entre el vecino y el Municipio. Una persona debería poder explicar su problema en lenguaje común y recibir una orientación clara, sin tener que conocer la estructura interna del Estado. Un comerciante que quiere abrir un negocio debería saber rápidamente qué necesita y cuánto puede demorar. Un trabajador municipal debería contar con herramientas que le permitan encontrar antecedentes, normativa e información en segundos. La discusión sobre IA no debería empezar preguntando cuántos empleados podemos sacar, sino cuántas tareas inútiles podemos sacarles a los empleados.
El Gobierno nacional eligió un camino muy claro. Frente a un Estado con enormes problemas, decidió retirarlo de una cantidad cada vez mayor de lugares. El equilibrio fiscal es necesario, pero no puede transformarse en la única medida para determinar si un país funciona, ya que también necesita rutas, educación, salud, infraestructura, producción, conocimiento y capacidad para desarrollarse.
En Entre Ríos, además, no podemos actuar como simples espectadores. Rogelio Frigerio eligió acompañar políticamente buena parte de ese rumbo nacional y tiene que asumir también esa responsabilidad. No alcanza con reclamar federalismo cuando faltan recursos si al mismo tiempo se acompaña un modelo que concentra las decisiones en Buenos Aires y descarga buena parte del ajuste sobre las provincias. Gobernar la provincia debería significar también saber plantarse cuando una decisión nacional perjudica a los entrerrianos.
Pero tampoco la alternativa es preservar todo lo que existía antes. Durante mucho tiempo, el peronismo confundió defender al Estado con justificar incluso aquello que funcionaba mal. Entre destruir el Estado y defenderlo tal como está existe un camino mucho más interesante: transformarlo.
Necesitamos un Estado presente para quien lo necesita, simple para quien quiere producir y eficiente para quien lo sostiene. Un Estado que no mida su importancia por la cantidad de oficinas, empleados o expedientes, sino por los problemas que consigue resolver.
La IA puede ayudarnos enormemente en ese camino. Si una persona dedica cuatro horas a buscar información, cargar datos o mover un expediente y una herramienta puede resolver esa parte del trabajo en minutos, la pregunta no debería ser cómo eliminamos ese puesto. Debería ser qué cosas mucho más útiles puede hacer esa persona durante esas cuatro horas.
La IA puede servir para sacar burocracia del trabajo, no trabajadores del Estado. Y esta transformación va mucho más allá de la Municipalidad. Gualeguaychú tiene un enorme potencial productivo, comercial y emprendedor. Si simplemente dejamos que esta revolución tecnológica avance por la lógica del mercado, quienes tienen más capital y conocimiento van a incorporarla primero y los demás volverán a correr desde atrás. Ahí también tiene que aparecer la política.
Se puede acompañar a nuestras pymes en su incorporación, capacitar trabajadores antes de que sus tareas cambien, acercar estas herramientas a pequeños comerciantes y emprendedores y trabajar junto a universidades, instituciones y empresas para formar los perfiles laborales que vamos a necesitar. Eso es desarrollo y, para quienes somos peronistas, justicia social.
Justicia social en este siglo no puede significar solamente distribuir mejor lo que ya existe. También tiene que significar que más personas tengan acceso a las herramientas con las que se va a producir riqueza en los próximos años. Que la IA no quede solamente en manos de una multinacional, sino que llegue a una Pyme del Parque Industrial, a un comercio del centro, a un emprendedor, a un trabajador que necesita reconvertirse y a un chico que está empezando a decidir qué hacer con su futuro.
El peronismo tiene que volver a hablar de producción, tecnología, conocimiento, productividad, trabajo y movilidad social. No para abandonar sus banderas históricas, sino para traerlas a este tiempo. También tenemos que recuperar una palabra muy nuestra: federalismo y con el foco puesto en producir conocimiento, generar recursos y construir soluciones.
Gualeguaychú no debería limitarse a esperar qué decide Paraná o Buenos Aires. Tenemos que volver a pensar desde abajo hacia arriba y preguntarnos qué necesita nuestra ciudad para desarrollarse durante los próximos veinte años, qué infraestructura, empleos e industrias queremos atraer y cómo logramos que nuestros jóvenes se queden.
Estas preguntas me interesan más que la de la dimensión del Estado. Quiero un Estado mejor. Y también creo que quienes venimos del peronismo tenemos nuestra propia responsabilidad. Gobernamos Gualeguaychú durante décadas y finalmente la sociedad eligió otra alternativa. Buscar todas las explicaciones afuera sería demasiado cómodo. Trabajadores, comerciantes, docentes y policías que antes veían en el peronismo una expectativa de progreso dejaron de encontrarla. No vamos a recuperarlos diciéndoles que votaron mal. Tenemos que volver a ofrecerles algo que quieran elegir.
Un peronismo capaz de cuidar al que queda atrás y acompañar al que quiere avanzar. Que defienda al trabajador y valore a quien genera trabajo. Que defienda el Estado, pero sea exigente cuando funciona mal. Que no le tenga miedo ni a la empresa, ni a la innovación ni a discutir productividad. Y que entienda que responsabilidad institucional no significa obediencia.
Gualeguaychú tiene condiciones extraordinarias para pensar algo distinto. Tenemos profesionales, trabajadores municipales, universidades, empresas y una cultura de participación que pocas ciudades poseen. No necesitamos llenar la Municipalidad de herramientas porque tengan las letras IA en una presentación. Necesitamos una estrategia. Elegir problemas concretos, probar soluciones, medir resultados, reconocer errores y ampliar aquello que funciona. Y necesitamos decisión política.
La verdadera transformación empieza cuando decidimos cambiar la forma de hacer las cosas. La IA nos ofrece una oportunidad extraordinaria. Pero, en el fondo, la discusión no es tecnológica. Es política. Es discutir qué Estado queremos, qué producimos, cómo distribuimos las oportunidades, cuánto queremos decidir desde Gualeguaychú y qué ciudad queremos dejar dentro de veinte años. Porque gobernar no puede ser solamente administrar lo que hay ni ajustar aquello que no cierra, sino también defender lo propio, imaginar lo que todavía no existe y tener la capacidad política para construirlo.

