Tras las huellas de los aborígenes de la zona
El conocimiento del hombre que habitó esta zona antes de la llegada de los españoles hace a la identidad de Gualeguaychú. Eso lo comprendió el profesor Manuel Almeida, un pionero en la investigación antropológica lugareña.Su legado arqueológico, que se ve reflejado en el museo que lleva su nombre, ha sido una contribución decisiva a la autoconciencia histórica de los gualeguaychuenses.Quizá no sea una exageración decir que antes de Almeida parecía que todo empezó con los conquistadores, como si la historia local hubiese comenzado con su llegada.Gracias a la obstinación de una persona sin credenciales académicas (era un arqueólogo autodidacta), pero con gran coraje para enfrentar los estereotipos intelectuales establecidos, se corrió el velo que mantenía en el olvido a los primeros pobladores de estas tierras.La figura de Almeida está asociada, así, a la reivindicación de los indígenas de la zona, sobre todo a la del pueblo chaná, el cual ocupó gran parte de este espacio geográfico.La arqueología es una rama de la antropología que reconstruye, describe e interpreta el comportamiento humano y los patrones culturales a través de los restos materiales.De ahí la imagen del profesor Almeida como excavador, como hurgador metódico de los antiguos asentamientos. Iba tras la pista material (como restos de cerámicas y otros objetos), en busca de poder documentar la existencia y el perfil cultural de "los vencidos", como solía decir.Aunque prefería hablar de "monumento" indicando que es "todo resto o testimonio que nos ha quedado de la presencia o de la actividad del hombre en el pasado" (según recuerda la profesora Silvia Razzetto de Broggi, en un artículo de agosto de 2004, en homenaje al arqueólogo local, aparecido en EL DIA).Almeida decía que se está ante un documento convincente para la reconstrucción histórica. "Testimonios mudos donde ha de jugar la prudencia, la intuición y la deducción a fin de ir colmando espacios; poner nuevamente en ellos vida, movimiento y sentido para hacer resurgir de las ruinas informes el verdadero panorama del proceso humano".¿Cómo debe ser la sensibilidad de quien se topa con esos secretos guardados de las sociedades pretéritas? "Cuando introducimos la mano en la tierra en busca del monumento, sentimos que las enterramos en el tiempo y hasta el rumor del zapapico hurgando en los estratos nos parece percibir los primitivos ecos de la actividad del hombre que labora, su canto a la vida y al trabajo y el mismo bullicio de los pájaros, se nos antoja un coro de voces infantiles que nos llegan desde las entrañas de la tierra".Y continuaba así: "Es el amor del hombre por su tierra lo que empuja con una curiosidad insaciable, con fervor y una paciencia inagotable en el afán de evocar la vida primitiva de los hombres que habitaron este suelo".En estas palabras de Manuel Almeida, cargadas en un punto de poesía, se puede percibir la pasión que lo movía. Rastrear el pasado indígena, a partir de las huellas materiales, acaso haya significado para él una aventura moral, intelectual y estética.El Museo Arqueológico Manuel Almeida, que hoy se reinaugura, se nutre del fruto del trabajo personal de quien se lanzó, contracorriente, a desocultar el pasado indígena de Gualeguaychú y su zona de influencia.Ojalá que los gualeguaychuenses, por encima de las diferencias ideológicas que suele suscitar la historia, sepan justipreciar este legado que reivindica la existencia de los primeros pobladores. Y que las nuevas generaciones logren contagiarse del amor al estudio y del coraje intelectual del profesor Almeida.
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