Tras las urnas, certezas y especulaciones
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Las conclusiones de las elecciones primarias son muy claras. Un severo cuestionamiento a la Presidenta y un limitado aval al Gobernador aparecen como los resultados más salientes del domingo pasado. Mario Alarcón Muñiz Hemos votado. Es saludable. No hemos elegido nada, pero hemos votado. Sólo se han designado candidatos de agrupaciones que presentaban más de una lista. Recién el 27 de octubre se jugará el bueno.Faltan setenta días. Cabe esperar que en ese lapso los argentinos hagamos algo un poco más edificante que comentar las últimas internas abiertas y menos desgastante que barajar nombres y vaticinar arreglos para 2015.No obstante, a partir de ahora se abre un panorama diferente. Eso está claro. Acerca de la próxima renovación del Congreso de la Nación, es decir la elección que interesa para el bienio venidero -cuya complejidad ya tendremos ocasión de comentar-, hay una encuesta oficial bien definida e indiscutible.La produjo el pueblo votando hace una semana. Y no hay margen de error. A raíz de sus resultados el escenario cambió, al menos en gran parte del país. Las piezas se movieron. El rey (en este caso la reina) quedó en jaque. El tablero se conmocionó. Sólo una certezaEn cierto modo lo ocurrido era previsible. Por lo menos entraba dentro de las posibilidades de una elección de medio término en un ambiente contaminado por la crispación, el agresivo discurso oficial, la inseguridad, la corrupción, la inflación y otros variados problemas, en su mayoría económicos.Por separado de las encuestas, no resultaba difícil advertir en la gente un nivel de disconformidad que en la década no se había manifestado, a excepción del conflicto con el campo en 2008. La única duda giraba en torno de su incidencia en los guarismos electorales.Vale decir, hasta qué punto el ciudadano expresaría ese estado de ánimo en la urna, tratándose de un gobierno que venía de un inédito 54% de respaldo hace menos de dos años. Resultado: en sólo 21 meses el oficialismo perdió cuatro millones de votos.Ninguna consultora predijo lo sucedido, al menos en la dimensión registrada. Alguna pronosticó apenas la caída del apoyo en la provincia de Buenos Aires, el crecimiento opositor en Córdoba y Mendoza, pero no mucho más. Las encuestas siguen en deuda con la opinión pública.Sólo una certeza dejaron las primarias: Cristina se irá. Dentro de dos años, como corresponde, pero se irá. No habrá re-reelección. Algunas cosas pueden cambiar en setenta días, mas no tantas como para lograr los dos tercios del Congreso de la Nación. Tener el poder y usarloEl panorama de Entre Ríos es diferente. Aquí el oficialismo sigue dominando la situación, aunque acusó una pérdida de 15 puntos respecto del comicio anterior cuando se eligió gobernador.Son elecciones distintas, es cierto, pero Urribarri se puso al frente de la campaña, a tal punto que los afiches instaban a "votar por Urribarri", de modo que su figura no escapa a la declinación del FpV.Atento a lo que se venía insinuando en el orden nacional, intentó el Gobernador provincializar la campaña y en cierto modo lo consiguió. No empezó ayer. En estas lides lleva treinta años, de los cuales ha estado los últimos 26 ocupando funciones públicas provinciales de manera consecutiva. Sabe de qué se trata. Así se explica el funcionamiento, desde su primer gobierno, de un costoso aparato de propaganda que hasta ahora le ha dado buenos dividendos.Además, tiene el poder y lo usa. Si bien experimentó hace cuatro años el alejamiento de figuras importantes (primordialmente Jorge Busti, su mentor y protector durante largo tiempo), neutralizó los efectos negativos de la escisión valiéndose del poder.De modo efectivo, nombrando en su gobierno, en diversos niveles, a dirigentes disidentes, que por otra parte accedieron con entusiasmo a cambiar de vereda por un puesto público.En algunas circunstancias Urribarri ha escuchado los cuestionamientos y les ha dado lugar. La derogación de su propia ley de concesión de islas del Delta por 99 años a un consorcio fantasmagórico, el retiro de su proyecto de nacionalización de la UADER y la reciente cancelación del proyecto termal de Paraná, muestran que cuando quiere, escucha el reclamo público. Y esto no deja de ser una señal favorable.Cabe añadir que de manera distinta a lo sucedido en otros distritos, en Entre Ríos el PJ mantuvo su estructura, que no fue desplazada por el FpV. Esto equivale a contar con un aparato electoral organizado hasta en los lugares más aislados. El desacuerdo opositorTambién favoreció al oficialismo de Entre Ríos el desacuerdo opositor. Es curioso, pero los planteos de la oposición son similares. Desde diversos sectores sus dirigentes cuestionan el creciente endeudamiento provincial, la falta de reclamos de coparticipación, la pesada carga impositiva sobre la producción mediana y pequeña.La notable postergación vial, los retrasos y deficiencias de la infraestructura escolar, el retroceso del nivel educativo, la caída de la industria frigorífica, los problemas de la industria avícola, la declinación de las economías regionales, principalmente citrus y arroz, la inseguridad, la droga, la interminable cantidad de nombramientos, las dudosas licitaciones, en fin, una serie de problemas concretos que la propaganda oficial no alcanza a disimular porque son reales.Sin embargo, pese a coincidir en las demandas, los dirigentes opositores han sido incapaces de coincidir en una propuesta conjunta de soluciones y nombres. Es probable que tengan mil explicaciones.Lo cierto es que le allanaron el camino a un oficialismo herido pero vivo en Entre Ríos, que subsistirá después de este tropezón, mientras sus contrincantes sigan entretenidos en el "primero yo" y otras cuestiones menores, carentes de grandeza.
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