Trata de personas, la otra esclavitud
No otra cosa ha recordado la Dra. María Angélica Pivas, la funcionaria judicial que expuso en la Jornadas Regionales de la Trata de Personas, algunos de cuyos conceptos reflejó este diario.
La disertante, una especialista en derecho penal de nuestro medio, llamó la atención sobre la expansión del negocio de la prostitución en la Argentina y la región.
En realidad, dijo, se trata de un vasto comercio ilegal de personas, manejado desde las sombras por organizaciones mafiosas, en el cual se lucra también con el tráfico de órganos y la venta de bebés.
Pivas describió la impunidad con la que se manejan los traficantes de personas en Entre Ríos, denunciando la ausencia de control estatal. Lo llamativo es que habló en estos términos ante funcionarios policiales de Jefaturas Departamentales, para los cuales se organizaron las jornadas.
Aunque hay consenso mundial respecto del carácter aberrante de la esclavitud – que, insistimos, legalmente ha desaparecido- subsisten situaciones como la trata de personas, que en la realidad son asimilables a esa práctica.
La esclavitud existe cuando determinados individuos son propiedad de otros. Desde el punto de vista jurídico un esclavo es una cosa, ya que no es sujeto de ningún tipo de derecho.
Es decir, pertenece a un amo, que puede venderlo, regalarlo, alquilarlo o utilizarlo como desee. En épocas más antiguas estas formas estaban legitimadas culturalmente.
Por ejemplo, existieron esclavos públicos, propiedad de ciudades, templos y corporaciones. El tráfico de esclavos fue una actividad muy lucrativa. Esta mano de obra barata sostenía civilizaciones enteras.
La principal fuente de esclavos fue la guerra, aunque también podía llegarse a esta situación por deudas o distintos delitos. Incluso, la esclavitud era hereditaria. Este sistema de explotación humana se practicó en varios lugares en el pasado.
Así en el antiguo Egipto, pasando por la Mesopotamia Asiática, los distintos pueblos del Cercano Oriente, Asia Menor, hasta Grecia. Aunque fue durante el Imperio Romano que cobró una gran difusión mundial.
A la caída del Imperio Romano de Occidente, a fines del siglo V de nuestra era, la esclavitud prácticamente desapareció de Europa. El contacto con América, seguido de su colonización a fines del siglo XV y durante el XVI, produjo la aparición de la esclavitud de origen africano en nuestro continente.
Aquí la esclavitud recién sería suprimida en la segunda mitad del siglo XIX. Pero aunque la humanidad ha dejado de legitimar esta modalidad de explotación aberrante, eso no significa que no exista en la práctica, aun en el siglo XXI.
La existencia de la trata de personas, en este sentido, muestra el lado oscuro de una sociedad que tiene escasos niveles de reacción o virtualmente tolera esta nueva esclavitud mientras dice defender los derechos humanos.
A veces este tipo de problemáticas sociales –más bien su subsistencia en el tiempo- parece darle crédito a esas filosofías pesimistas para las cuales “el hombre es lobo del hombre”.
El filósofo Arthur Schopenhauer, por ejemplo, aseguró que el hombre, movido por un egoísmo incurable, lastima, traiciona y mata a otros hombres para prolongar su existencia miserable.
¿Qué revolución ética se precisa, qué cambio antropológico o cultural debe producirse para que algún día se acabe la rémora de la esclavitud, en cualquiera de sus formas?.
Este contenido no está abierto a comentarios

