Tribus Urbanas
Las dificultades de pensarse y pensar en un tiempo complejo. Colaboración con el Suplemento SaludLic. Gerardo Rossini (*) Las tribus urbanas surgen con las transformaciones sociales y culturales que sobrevienen con el período de posguerra a mitad del siglo pasado.La lenta declinación del sentido de deber que habían caracterizado la nacionalidad en el período anterior a la segunda guerra mundial, la extensión de la juventud como etapa de vida con el aplazamiento de la adultez, y el mundo del consumo y de la producción de masas, en gran parte orientada a esa nueva franja de consumidores, dan como resultado nuevos sentidos identitarios. Así, especialmente en sectores de clase media baja, con la dificultad de transitar la juventud y de construir una identidad aceptable, aparece este fenómeno de las subculturas, de los grupos de jóvenes con una cultura estética propia, con un tratamiento de lo simbólico que se vuelve en una cuestión de micropolítica. La estética se convierte en un discurso de diferenciación, y de la homogeneización hacia el interior. Es decir, lo simbólico es utilizado para construir una identidad social común, que expresa dificultades para incorporarse en los sentidos simbólicos aceptados socialmente. Pero esta micropolítica del cuerpo y de la identidad, muestra por otro lado una ausencia de sentidos políticos efectivos en relación a los poderes centrales y el Estado. Nuevas formas de relacionarseToda cultura toma respecto de los miembros del grupo el aspecto de modelos, en mayor o menor medida estandarizados. Deberíamos preguntarnos: ¿Cuál es la cultura modal hoy?Cultura es el conjunto de los modos de conducirse, es decir, de comportarse y de pensar que son considerados necesarios en un grupo determinado. Toda conducta traduce en sus aspectos ideológicos (costumbres, creencias morales, filosóficas, etc.) la manera en que el grupo o los grupos que componen el cuerpo social han resuelto el problema fundamental de la adaptación al mundo físico. En este sentido las tribus urbanas muestran también una dificultad en la incorporación de franjas de los jóvenes a transitar una etapa conflictiva como es la adolescencia, especialmente cuando la meta de la adultez no aparece inteligible en una sociedad que expulsa a los jóvenes de las instituciones y donde son estos los que especialmente sufren la pobreza y el desempleo. Si bien en la Argentina no es tan claro el anclaje de clase, en sectores bajos, de los miembros de las tribus urbanas, es claro que en los miembros de elites, en los alumnos del San Andrés o del Champagnat, no hay ni ¨floggers¨, ni ¨emos¨. Porque son sectores que tienen más resulto el acceso al mundo adulto material y simbólicamente.Sin embargo, más allá de la cuestión de clase, es sin duda notorio que hay nuevas formas de los jóvenes de relacionarse con el cuerpo y con el consumo, como lo muestran el consumo de drogas, el alcohol, los tatuajes, los piercing, la sexualidad, que se extiende a todos los sectores.Aparecen noticias de violencia que vuelven preocupante a estos grupos para los mayores. Sin embargo hay un énfasis de los medios en alguna forma de violencia que pueda aparecer en las tribus. En realidad las más conocidas hoy, los ¨floggers¨ y los ¨emos¨ no se caracterizan por la violencia. Si hay formas de violencia es porque de última estos jóvenes también sufren formas de discriminación. Y porque vivimos en una sociedad violenta. Vivimos en una sociedad que contradictoriamente fomenta la diversidad y la discriminación paralelamente. Paradójicamente presenciamos procesos de heterogeneidad y diferenciación, multiplicación de las identidades, como también de homogeneización como son los patrones de consumo que se universalizan a través de las fronteras mundiales. Esto resulta en las contradicciones de los propios jóvenes que buscan la diferencia pero no la aceptan en los ¨otros¨. ConclusiónSi hay algo para preocuparse de las tribus urbanas no es la violencia sino la falta de formas de pensar la realidad, de transitar la adolescencia con herramientas intelectuales más efectivas que puedan construir estrategias de vida más óptimas y nuevas alternativas. Pero poco podemos pedirles a los jóvenes sobre pensar la realidad de forma más efectiva cuando los adultos no lo hacen y menos enseñan cómo hacerlo. El pensar está en retirada por estrategias de negación, resignación, de pasatiempo. No podemos recriminar a los jóvenes por construir ídolos que no han tenido más mérito que colgar unas fotos en un sitio en Internet, por estar pendiente de una imagen hueca, cuando los mayores construyen sus ídolos mediáticos sobre la base del tamaño de las colas que tienen. Cuando el programa de mayor rating se caracteriza justamente por mostrar no ya rostros vacíos sino ¨colas¨ vacías. (*) Lic. Gerardo Rossini - Licenciado en Antropología- Docente en la U.N.E.R., en la U.A.D.E.R. y en el I.S.F.D. María Inés Elizalde, en la ciudad de Gualeguaychú
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