Túnel del tiempo: el día que el yuyo maldito se volvió dólar
Parecía el túnel del tiempo. El 2008, cuando la brújula del kirchnerismo se enloqueció. La Presidenta dio el martes su discurso más duro desde aquellos años cuando habló de los 'piquetes de la abundancia', el 'yuyo maldito' y el golpe que querían darle. Jorge Barroetaveña El yuyo de hoy es el dólar, los piquetes son los que timbean con él, legales e ilegales y también están los que la quieren derrocar, una larga lista que ella se encargó de nombrar uno por uno.La historia se repite debe pensar la mandataria que el martes último descerrajó las denuncias más fuertes, acusando a diestra y siniestra por las desventuras económicas que hoy afectan a la política. ¿En qué momento el gobierno perdió el tren de la economía? Si de algo siempre se jactó Néstor Kirchner fue que, merced a su impronta, consiguió algo que ninguno de sus antecesores había logrado: subordinar la economía a la política. ¿Qué pasó ahora?Es probable que ese último tren haya salido en el 2.011, cuando montada en el 54% de los votos la Presidenta escuchó los consejos de Guillermo Moreno e impuso el cepo cambiario. Fue una encerrona de la que el gobierno todavía no sabe cómo salir. Las consecuencias de hoy, empezaron a gestarse con aquella decisión y la política fue perdiendo terreno de a poco. El año pasado apenas, el kirchnerismo recibió su anticipo electoral y quedó plasmada la disconformidad.En los 12 años que lleva en el poder, jamás se echó a alguien en público como hizo la Presidenta el martes con Juan Carlos Fábrega. A ver. El ex titular del Banco Central, no sólo eran el dos de la política económica, era un pingüino puro, que Néstor trajo del sur y en quién depositaba absoluta confianza. La Presidenta no sólo lo zamarreó por la eficacia de su tarea, hasta deslizó su complicidad con los bancos y las cuevas financieras que manejan la cotización del dólar blue. Fue una escena grotesca verlo al propio Fábrega aplaudiendo su destitución desde la primera fila en el acto en Casa de Gobierno. Kicillof, a unos pasos, sonreía irónico. Una escena nunca vista en la historia oficial más parecida a una caza de brujas que a otra cosa. Es paradójico. Mismo lugar, mismo momento, el Vicepresidente Amado Boudou presenciaba la escena. ¿Fábrega le hizo más daño a Cristina que los actos corruptos del vice, múltiple investigado y procesado por la justicia? "Miren al norte"Durante las casi dos horas que duró la diatriba presidencial hubo para todos los gustos. Al clásico de Griesa (a quién trató de 'senil'), se sumó la denuncia pública de un atentado orquestado por Estados Unidos. Salvo que el 'norte' sea Evo Morales, la Presidenta descartó la amenaza del ISIS oriental, que ella misma reveló en el Consejo de Seguridad de la ONU, y ahora optó por apuntar el dedo hacia Obama. "Si me pasa algo miren hacia el norte", espetó enigmática y por repetición, aunque se supone bien informada por los servicios de inteligencia. El paso siguiente debería ser una denuncia judicial para conocer la trama secreta que se propone atentar contra la vida presidencial. Es raro, pero la devaluación de la palabra presidencial no le dio a semejante denuncia la repercusión que debería merecer.El turno de los mandobles también alcanzó a los sojeros que no liquidan su cosecha, a los empresarios que siguen encanutando los autos y los medios de comunicación que no cuentan lo que pasa sino lo que les conviene. Para la mandataria no hay crisis porque en eso fue contundente: la economía está bien, definió, mientras la habitual ronda de concurrentes prorrumpía en aplausos. Claro, si la economía 'está bien', ¿para qué echaron a Fábrega del Banco Central? ¿Qué sentido tienen la existencia de planes como Precios Cuidados o ProCreAuto? Si todo marcha sobre ruedas, deben ser un invento de los medios para vender más diarios. La culpa de la existencia del dólar ilegal también la tienen los que publican su cotización, y no los que lo buscan para pagar una importación o simplemente para ahorrar, porque la inflación les va carcomiendo el sueldo.Axel Kicillof y Juan Carlos Fábrega son responsables por igual de la crisis que envuelve al gobierno. El ex titular del Central, advirtió en enero que la devaluación del 20% no serviría de nada si no paraban de emitir moneda sin respaldo. El razonamiento, ortodoxo, estaba en consonancia con los acuerdos con el Club de París y el CIADI por Repsol. Eso permitiría acceder al mercado de capitales a tasas normales, como las que pagan Bolivia o Uruguay. Pero en el medio apareció el fallo de Griesa, la indiferencia de la Corte norteamericana que se negó a tomar el caso y todo se vino en banda. La situación empezó a deteriorarse, aunque tenía un dique de contención: los niveles de consumo. La industria automotriz es un buen ejemplo: apenas el año pasado se vendió la increíble cifra de 1 millón de autos en la Argentina. Pero el derrumbe para este año sería del 25%, algo poco común para un sector que venía en pleno crecimiento.¿Qué pasó? La realidad es que la inflación se comió la devaluación de enero, el peso se desinfló y la gente no lo quiere. Es la misma desconfianza que hay con la palabra presidencial. Si no se habla de inflación, ni de inseguridad, ni se reconocen los errores cometidos y la culpa siempre se deposita afuera, el proceso se acentúa. La realidad está más allá de los muros de Olivos o de la Casa Rosada y no es la que cuentan los aplaudidores de siempre. El kirchnerismo, que siempre tuvo ese olfato para percibir los movimientos sociales y las demandas, hoy parece haberlo perdido. Quizás porque se acerca el final, porque 12 años en el poder es mucho tiempo o simplemente porque no quiere verlo. No hay nada gratisEn economía no hay nada gratis. Todos los actores juegan su juego y buscan ganancia. Pensar otra cosa sería tonto e inútil. ¿Qué cambió en estos últimos tres años para que el gobierno perdiera esa iniciativa y se dejara marcar la cancha por la economía? No le faltó liderazgo, porque lo tuvo. Tampoco la oposición lo puso en jaque con sus propuestas. De hecho jamás pudo imponerle la agenda. Cristina hizo lo que quiso y la llevó de las narices por dónde se lo propuso. A veces, el final de los procesos históricos no tiene demasiadas explicaciones, está vinculado al desgaste lógico del ejercicio del poder, a la pérdida de reflejos para gobernar, y a ese enamoramiento habitual con lo que uno ha hecho que impide ver los errores. La sociedad está dando vuelta la página de la historia, porque quiere y lo impone la ley. Está bien que así sea. Ojalá que la carga no sea tan pesada.
ESTE CONTENIDO COMPLETO ES SOLO PARA SUSCRIPTORES
ACCEDÉ A ESTE Y A TODOS LOS CONTENIDOS EXCLUSIVOSSuscribite y empezá a disfrutar de todos los beneficios
Este contenido no está abierto a comentarios


