Un capitalismo sin capitales
Al menos durante la mayor parte de las últimas cuatro décadas no existió en la Argentina un ahorro acumulado suficiente para la formación de capital. Con lo cual el "capitalismo" vernáculo es sui géneris. Esto no ocurre así por la inexistencia del dinero, sino porque éste se fuga del país acumulándose en los bancos del exterior. De hecho, la plata depositada afuera equivale a la deuda pública del país.Es que hay íntima correlación entre los dos fenómenos: ante la falta de capitales para financiar la economía local –por la huida argentina- los gobiernos han apelado al endeudamiento externo constante.¿Pero acaso esos préstamos no son dinero argentino fugado? ¿No nos prestan nuestro propio dinero? Lo patético es que los gobiernos, cada vez que han contraído empréstitos, los han justificado diciendo que son producto de la “confianza” de los inversores externos en el país.Hay un sinfín de causas que explican por qué la Argentina no reinvierte el ahorro que produce. Una de ellas –y no menor- es la constante usurpación del dinero ajeno por parte del Estado.Las formas de agresión al ahorro utilizadas por las diferentes administraciones fueron múltiples. Los “ahorros forzosos”, las incautaciones de depósitos, los corralitos, son algunos de los inventos argentinos en esta línea.Pero quizá hayan sido la inflación y las devaluaciones continuas, que barrían con el valor real de la moneda, las que instalaron en la mente de los argentinos la idea de fugar ahorros afuera.Ese dinero ha ido hacia países cuyos mercados son estables y sus monedas fuertes. Nuestra adicción al dólar, considerado un refugio de valor, proviene de esta desconfianza crónica hacia el sistema monetario argentino.Esta desconfianza sigue instalada hoy. Desde el segundo semestre del 2007, se fugaron del sistema la friolera de 40 mil millones de dólares (un monto similar a las reservas actuales del Banco Central).Es probable que parte de ese dinero haya recalado en el exterior. Por ejemplo en Uruguay, donde los depósitos de los no residentes (es decir de los argentinos) aumentó un 40% en los últimos dos meses.Pero gran parte de esos dólares se guardaron en el colchón o en una caja fuerte. Como sea, el efecto global de esta dolarización es que esos capitales salen del sistema. Es decir, no implican mayor inversión o más empleo. No son recursos que se reinvierten o ayuden a financiar el desarrollo del país.Con fugas constantes de capitales es natural que Argentina sea un país sin crédito. El economista Dante Sica, durante una exposición días atrás en Gualeguaychú, dijo llanamente que aquí no hay propiamente sistema financiero.“El total de préstamos sobre el PBI es 10%. En Brasil, en cambio, es 60%. En Chile, es el 65%. En Estados Unidos es 85%”, señaló al explicar que mientras en los países normales la economía está apalancada por créditos, en la Argentina ocurre todo lo contrario.Encima el grueso de ese 10% de préstamos sobre el PBI, explicó Sica, va dirigido al consumo, y muy poco a la inversión. Este dato revela que el argentino debe ser el único capitalismo sin capitales. Obviamente, este es el telón de fondo que explica por qué razón las tasas de interés en la Argentina son usurarias. Más allá de la verborragia de los gobiernos, que por decreto quieren bajarlas. En suma: si los argentinos siguen sin creen en su gobierno, y han perdido la fe en el país y en sus instituciones, al punto de preferir sacar su renta del sistema económico local, difícilmente se podrá recrear un capitalismo vigoroso.
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