Un día que invita al recogimiento
El Viernes Santo es una de las principales celebraciones del cristianismo, dentro de la llamada "Semana Santa". Se trata del recuerdo de cuando Jesús muere en la cruz. En las iglesias católicas se reza caminando en procesión, como simbolismo del camino que recorrió el nazareno hasta el Monte Calvario. Es lo que se conoce como Vía Crucis, una antiquísima práctica litúrgica.En muchos países de Occidente, de matriz cultural cristiana, como Argentina, estos días son no laborables. Razón por la cual muchos toman la jornada para descansar en familia, y otros para hacer turismo.Este receso abre también una chance, aún a los no creyentes, para el silencio o la introspección, es decir para una observación y análisis de la propia conciencia.Aunque hay que admitir que el clima de la cultura contemporánea hace cada vez más difícil no ya solo rezar sino tener acceso a un ámbito de recogimiento, a ese estado o actitud que hace posible que la persona se aísle de lo que le distrae o le impide pensar con tranquilidad.En nuestra época "problemática y febril", como dice el tango, donde la agitación y el tumulto dan la nota, hay poco lugar para el silencio, convertido en una práctica de tiempos pretéritos.El ruido es lo contrario del silencio. Es la otra "polución" de una civilización donde triunfa el puro dinamismo, la eficacia de la producción, y el parloteo incesante de los medios de comunicación (televisión e internet las 24 horas del día).Una tradición de pensadores occidentales nos ha advertido que así como el ruido nos llama sin cesar a la superficie del 'yo', necesitamos del silencio para aproximarnos a lo más profundo de nosotros mismos.El filósofo danés Soren Kierkegaard, quien escribió páginas esenciales sobre el tópico, dijo en 1846: "Sólo una persona que sabe cómo permanecer esencialmente en silencio sabe hablar, y actuar, esencialmente. El silencio es la esencia de la vida interior".Pero además, ¿cómo es posible escuchar por ejemplo a la naturaleza, su idioma inconfundible, y cuyos procesos son lentos, si antes no callamos el ruido en nosotros? ¿Es posible contemplar el mundo, y su encanto, en medio del tumulto febril? ¿En qué medida la crisis ecológica no es producto de la sordera contemporánea?Necesitamos silencio exterior, y sobre todo interior, para tomar distancia de las cosas, de los acontecimientos, de las personas. Es necesaria una cierta distancia para situarnos ante la realidad."La naturaleza nos ha dado dos orejas y una sola lengua, a fin de que escuchemos más y hablemos menos", enseñaba Zenón de Elea (siglo V a.C). Es decir, se trata de emitir menos sonido en favor de la capacidad de oír, de la escucha atenta y silenciosa.Algunos piensan que el hombre contemporáneo se aturde para escapar de la soledad. Es una forma de alienación ante esa experiencia tan humana y esencial.El escritor español Miguel de Unamuno, sostiene que de esta manera se destruye la convivencia humana. "Los hombres sólo se sienten de veras hermanos cuando se oyen unos a otros en el silencio de las cosas a través de la soledad", escribió. En su opinión, sólo la soledad hace posible unir lo que la sociedad separa. Y esto porque quien no se encuentra a sí mismo, en el silencio, no puede aspirar a la comunión con el otro.Quizá un Viernes Santo sea una ocasión para ponerle sordina al bullicio del ambiente exterior, con el fin de ponerse en consonancia con los ritmos secretos del alma y de las cosas, algo que sólo el recogimiento podría garantizar
ESTE CONTENIDO COMPLETO ES SOLO PARA SUSCRIPTORES
ACCEDÉ A ESTE Y A TODOS LOS CONTENIDOS EXCLUSIVOSSuscribite y empezá a disfrutar de todos los beneficios
Este contenido no está abierto a comentarios

