Un escrutinio más que fortalece al sistema
¿Qué está en juego en la elección de hoy, donde formalmente se renuevan de manera parcial ambas cámaras del Congreso Nacional? Algunos sugieren que se dirime la suerte del kirchnerismo, que hegemónicamente ha gobernado el país en la última década. Otros postulan que instalará a candidatos y partidos de cara a las presidenciales de 2015.Todo depende, en realidad, del cristal con que se mire el veredicto de las urnas. Quienes hayan resultado favorecidos, seguramente sobreestimarán el resultado electoral. Los perdidosos, en cambio, dirán que sólo es una renovación de cargos legislativos.Una hipótesis conjetura que los votos de hoy son un referéndum de la gestión presidencial, aunque en los papeles la elección no cumpla esta función. En todo caso habrá que preguntarse cuánto condicionan al gobierno en sí.Suponiendo que se confirmara lo que sucedió hace dos meses, en las PASO, cuando el voto opositor sumó el 70% del caudal electoral, varios analistas sostienen que en ese caso la Presidenta se verá obligada a coexistir en lo que resta de su mandato con el síndrome del "pato rengo".Este concepto utilizado por la sociología electoral da cuenta de la debilidad en que quedan los gobiernos democráticos, cuando han sido derrotados en las elecciones parlamentarias de mitad de término.Al no conservar en el Congreso las cómodas mayorías a las que estaban acostumbrados, se ven obligados a negociar con los opositores, para asegurar la marcha del gobierno. Y en toda negociación política, las partes suelen ceder posiciones en pos del acuerdo.El término "pato rengo" proviene de la jerga de los hombres de mar, y hace referencia a los buques averiados que deben pedir auxilio a otras naves para arribar a puerto. En Argentina este síndrome fue vivido traumáticamente tras la recuperación de la democracia en 1983.En efecto, hubo dos presidentes que después de ser vencidos en elecciones parlamentarias, no pudieron concluir sus mandatos: Raúl Alfonsín y Fernando de la Rúa.Sería desastroso para la democracia argentina que algo parecido se volviese a repetir. La derrota de un gobierno democrático, en una elección de medio término, no debería plantear una situación de ingobernabilidad.Que a un gobierno le vaya mal en una elección legislativa es sólo un episodio dentro de la marcha institucional de un país democrático. De hecho el sistema se alimenta de la alternancia, de la llegada de nuevos actores que aspiran a protagonizar la política.Por lo demás, la historia reciente sugiere que las elecciones de medio término no auguran lo que sucederá en las presidenciales. Cristina Fernández de Kirchner tuvo un duro golpe en 2009, donde perdió la mayoría legislativa en diputados, y sin embargo fue reelecta en 2011 con más del 50% de los votos.Además se sabe por experiencia que los buenos resultados en las elecciones legislativas no aseguran triunfos posteriores en cargos ejecutivos. Con lo cual el test electoral de 2015, donde se ponen en juego los cargos de gobierno, será otra historia.Si bien las elecciones legislativas pueden ser un termómetro de la realidad actual, habilitar la conformación de posibles alianzas o bloques legislativos, o instalar una nueva corriente de opinión, su resultado no significa a priori una inhibición para el gobierno, quien sigue con la responsabilidad de conducir la marcha del Estado.Los argentinos deberíamos desdramatizar estos eventos electorales, que son parte del juego de la democracia, cuya esencia reside en la compulsa de partidos y candidatos y en la alternancia de elencos dirigenciales.
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