Un estilo de vida que impugna la empatía
Vivimos en un planeta en el que cada vez hay más personas conectadas, pero paradójicamente menos comunicadas. Que tienen un tipo de vida donde el encuentro humano resulta cada vez más difícil.El pensador polaco Zygmunt Bauman sostiene que las relaciones humanas están amenazadas en la sociedad contemporánea. Aunque estamos conectados a través de celulares y computadoras, afirma, la gente se entiende cada vez menos.La falta de comunicación, que se manifiesta por ejemplo en la falta de tiempo para la intimidad (emocional, conversacional o creativa) en las parejas y la familia, es de hecho un fenómeno que diagnostican los psicoterapeutas y los estudiosos del comportamiento social.La conexión sin comunicación con los demás es probablemente una de las curiosidades de época. Tenemos medios prodigiosos para contactarnos, pero crece el extrañamiento entre las personas.Hay poco tiempo, dice Bauman, para "detenerse, mirarse, conversar, pensar, ponderar y debatir algo distinto". En el fondo, sostiene, se ha instalado un tipo de vida donde "no solidarizarse con el otro, sino evitarlo, separarse de él", parece ser la regla.El Papa Francisco, a propósito del drama de los que sufren el desamparo, la miseria y la injusticia social, ha condenado por su lado con fuerza la "globalización de la indiferencia". "La cultura del bienestar nos ha hecho insensibles a los gritos de los otros. Somos una sociedad que ha olvidado la experiencia del llanto, del 'sufrir con', la globalización de la indiferencia nos sacó la capacidad de llorar", ha dicho el pontífice.¿Vivimos acaso el fin de la empatía, es decir esa capacidad humana de ponernos en el lugar del otro e imaginarnos lo que sentiríamos si estuviéramos en su piel?El psicólogo norteamericano Howard Gardner, justamente, nos vino a recordar en 1983 que tan importante como la habilidad cognitiva de entender el mundo, era poder mantener empatía con los demás.El hombre completo y competente es aquel, dijo, que para desenvolverse en el mundo no sólo echa mano de la lógica, de la brillantez académica, sino de la "inteligencia emocional", clave para las relaciones interpersonales.Mucho antes que Gardner, en el libro "Tratado de los sentimientos morales", publicado en 1759, Adam Smith señaló que toda moral se basa en la empatía. En la primera página de ese libro escribe:"Por más egoísta que se pueda suponer al hombre, existen evidentemente en su naturaleza algunos principios que le hacen interesarse por la suerte de otros, y hacen que la felicidad de éstos le resulte necesaria, aunque no derive de ella nada más que el placer de contemplarla. Tal es el caso de la lástima o la compasión, la emoción que sentimos ante la desgracia ajena cuando la vemos o cuando nos la hacen concebir de forma muy vívida (...) este sentimiento (...) no se halla en absoluto circunscrito a las personas más virtuosas y humanitarias (...) no se halla desprovisto de él totalmente ni el mayor malhechor ni el más brutal violador de las leyes de la sociedad (...)".Como sea, hay que pensar que los violadores, los pederastas y las personas que maltratan a sus familias, son incapaces de experimentar, y de percibir el sufrimiento de los demás. Su falta de empatía es un problema.Probablemente vivamos en un entorno cultural que nos desensibiliza, que hace que no podamos conectar con las emociones vinculadas con las otras personas. Y eso podría causar algunos cambios en nuestra moralidad.
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