Un gesto a Cuba que hace historia
El bloqueo norteamericano a la Isla, una rémora de la época de la Guerra Fría, parece haber entrado en proceso de liquidación, con este paso dado por el gobierno norteamericano.
Aunque la medida no implica el levantamiento del bloqueo comercial que desde hace cuatro décadas pesa sobre Cuba, sin embargo supone un giro de 180 grados respecto de lo que fue la política del presidente George W. Bush.
La administración republicana había profundizado la beligerancia con el régimen comunista de los hermanos Fidel y Raúl Castro. Seguía la política de “castigo” históricamente adoptada por la Casa Blanca.
Pero Obama acaba de abrir una brecha en esa política, acaso intuyendo que dicha estrategia resulta obsoleta ante los acelerados cambios históricos que se están produciendo.
El mundo conocido se está derrumbando ante nuestras narices, y con él se vinieron abajo también viejas categorías ideológicas explicativas de la historia. La caída del Muro de Berlín, allá por 1989, supuso la implosión del bloque comunista.
Desde entonces el régimen castrista, que se había plegado a la política soviética, se quedó huérfano, en un contexto en el cual el capitalismo liberal emergía como triunfante frente a su tradicional adversario.
Estados Unidos, así, aparecía como ganador de la contienda con la Unión Soviética, iniciada desde el final de la Segunda Guerra Mundial, y que polarizó el planeta por 50 años.
Ha quedado lejos en el recuerdo la crisis de los misiles, cuando el presidente demócrata John F. Kennedy emplazó a Rusia el inmediato retiro de esos artefactos de Cuba, convertida en poderosa base militar.
El mundo vivió entonces días dramáticos, porque sobrevoló con fuerza el fantasma de una tercera guerra mundial. El régimen de Fidel Castro, inclinado cada vez más en la línea dura “trotskista”, y en acuerdo con Moscú, había devenido en punta de lanza del comunismo en Latinoamérica.
Fue un centro de exportación de la revolución en la región. Pero caída la Unión Soviética a fines de los ‘80, y con ella todo el bloque comunista, el régimen cubano quedó patinando en el vacío.
Los países alineados con la revolución proletaria –por ejemplo en la Europa del Este, Vietnam y últimamente China- se fueron plegando al capitalismo, que quedó sin rival en el centro de la escena mundial.
No fue el caso de Castro y su gobierno, devenido en el último baluarte del comunismo. Sin embargo el régimen empieza a aggiornarse y la tensión con Estado Unidos empieza a ceder.
Es significativo, en este sentido, que mientras fue un presidente norteamericano demócrata, J.F. Kennedy, quien impuso el embargo comercial a Cuba en febrero de 1962, cuatro décadas después otro mandatario demócrata lo flexibiliza.
Por otra parte, Obama sabe también que ni siquiera el capitalismo es el mismo. Aunque hegemónico, el reciente derrumbe de Wall Streat, le ha asestado un duro revés, en términos de credibilidad pública.
La conciencia histórica contemporánea ha tomado nota de que ya nada es lo que era. Un nuevo concierto internacional se está dibujando, y los antagonismos de antes han perdido vigencia. En todo caso, nuevos retos se plantean.
En este esquema, suena lógico un barajar y dar de vuelta en la relación entre Estados Unidos y Cuba. Permitir los viajes y las remesas de cubano-estadounidenses a la isla, va en línea con los nuevos tiempos históricos.
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