Un hombre político que marcó una época
Ayer no sólo falleció un ex presidente de la Nación, y esposo de la actual presidente. También se fue el hombre que en los últimos siete años gravitó decididamente en la vida del país.Por eso la muerte de Néstor Kirchner fue tan conmocionante en varios sentidos y se diría que sus efectos, tratándose de una personalidad pública de su envergadura, perdurarán por largo tiempo.Además, más allá de los problemas de salud que tenía, el ex presidente contaba con 60 años, en un país donde la expectativa de vida llega a los 75. Nadie imaginaba un final tan repentino como dramático.El país está de duelo porque se ha ido alguien que alcanzó la más alta magistratura del país, por el voto popular y en el marco del Estado de Derecho.De ahí el respeto y el reconocimiento que su memoria debe inspirar en todos los argentinos -no importan las diferencias de pareceres políticos-, que anhelan el afianzamiento de la institucionalidad democrática.¿Cómo calibrar la figura de Néstor Kirchner hoy, cuando la pasión política está al tope, y al personaje en cuestión lo tiñe la lógica controversia del momento?La coyuntura enturbia la reflexión esclarecida, la ponderación equilibrada, el juicio certero. El examen de los actos de un hombre público necesita de la perspectiva histórica, de esa mirada sabia que sólo da el tiempo.Para los partidarios del ex mandatario, aquellos para quienes Néstor Kirchner representó una esperanza política, se perdió a un estadista, mientras que para otros que no compartían su ideario y métodos, el juicio será negativo.Ambas miradas -nos animamos a aventurar- no pueden desembarazarse hoy del fanatismo político y de la fe ideológica. Porque les falta esa distancia crítica, no contaminada de pasión, que da el paso de los años.El más reciente ejemplo de reivindicación histórica ha sido el de Raúl Alfonsín, cuya prédica a favor del Estado de Derecho, por ejemplo, necesitó del tiempo para ser comprendida y ponderada, sobre todo entre quienes fueron sus adversarios en el pasado.Con Kirchner desaparece la figura política más importante de la década, como lo fue Alfonsín en los ochenta y Menem en los noventa. Una figura singular, de esas que no deja indiferente a nadie.Pero ni los fieles adeptos ni los férreos opositores están en condiciones de sopesar, sin poner en el análisis una carga de alta subjetividad y fuerte coloración ideológica, los resultados de un ciclo histórico cuya figura protagónica fue el político patagónico.Un agudo observador ha escrito por estas horas: "Kirchner fue la usina de poder de la que se alimentó la experiencia administrativa iniciada en el año 2003 y continuada por su esposa en el último trienio".Sobre la base de esta acerto, y más allá de la congoja lógica que despierta la desaparición física de una persona, y su impacto familiar, se comprende entonces la magnitud política de lo ocurrido ayer.Además, en el recambio sucesorio abierto en el país, a partir de las elecciones programadas para octubre de 2011, Néstor Kirchner pretendía volver a ser presidente de los argentinos.Pero el hombre fuerte de la política en el país, aquel bajo cuya esfera pasaban todos los asuntos del Estado, desde los más nimios a los más grandes, y que ejercía el mando real de la Argentina, con un liderazgo polémico, ya no está.La noticia de su muerte ha generado innumerables incógnitas. Por ejemplo: ¿cómo procesará esta ausencia Cristina Kirchner, que debe seguir ejerciendo la primera magistratura, esta vez sin el apoyo de su esposo?¿Hacia dónde se encaminará ahora, en suma, la política en Argentina?
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