Un mundo convulso donde gana el miedo
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Los ataques terroristas, las corrientes masivas de refugiados, la crisis del Estado de Bienestar y su ola de descontento, la aceleración del cambio climático, son algunos fenómenos que generan un creciente alarmismo global.La decisión de los británicos de abandonar la Unión Europea -que ha sacudió el sistema político mundial- debe entenderse también como una reacción defensiva ante la angustia que genera un peligro inminente. Es que Europa está asediada por el miedo. El europeo medio, no sólo el británico, ha entrado en pánico ante la posibilidad de perder antiguas seguridades de bienestar económico. Además su territorio se ha vuelto multicultural en las últimas décadas y en este contexto el vecino, mucho más el extranjero o el desconocido, se ha vuelto un enemigo. Freud describió la "regresión" como un mecanismo de defensa psíquica ante la vuelta a un nivel anterior del desarrollo. ¿No será ésta la clave psicológica que explica este retorno al viejo nacionalismo? Hay una generación de europeos, hoy mayores de edad, que crecieron al calor de instituciones políticas hechas a medida de la soberanía territorial y de los Estados de Bienestar. Pero desde hace décadas estas realidades están siendo socavadas por la globalización económica y sobre todo por la circulación de personas, en especial las migraciones. Se observa así una radical incompatibilidad entre el mundo global en que se habita y las políticas y las leyes de matriz nacional. Este nuevo escenario comporta múltiples amenazas que han vuelto vulnerable al ciudadano europeo. En este contexto, los movimientos nacionalistas agitan el miedo hacia los inmigrantes musulmanes, a los que acusan de todos los males. La islamofobia es un insumo político clave para aquellas propuestas que articulan un discurso xenófobo alrededor de la dicotomía "nosotros" y "ellos". Los significativos flujos migratorios hacia Europa, provocados en gran medida por el conflicto en Siria, junto con la propagación de los ataques contra civiles en nombre del grupo extremista Estado Islámico, son el telón de fondo de la expansión del miedo en el viejo continente. La potencial amenaza que encierra el islamismo radical ha contaminado a Estados Unidos, donde un candidato a presidente hace campaña proponiendo cerrar las fronteras del país a los musulmanes. Cabe especular que vivimos en una coyuntura histórica donde el miedo se ha globalizado. El cambio climático, la inestabilidad económica y el terrorismo yihadista, figuran entre los principales temores globales, según un reciente estudio elaborado por Pee Research Center. Nos hemos vuelto más miedosos e inquietos ante las amenazas inminentes. En la atmósfera global persiste un sentimiento de que las cosas no están como deberían estar, que amenazas latentes están allá afuera. Según el diccionario de la Real Academia Española, miedo (que procede del latín "metus") es "la perturbación angustiosa del ánimo por un riesgo o daño real o imaginario". Los antropólogos lo consideran un esquema adaptativo, mecanismo de supervivencia y de defensa, que permite que el hombre responda ante situaciones adversas. El problema es cuando este sistema de alarma se sale de cauce, cuando empieza a detectar peligros donde no los hay o a evaluar exageradamente los riesgos. Y dado que las emociones son contagiosas, el miedo exagerado puede extenderse hasta convertirse en pánico colectivo. En este contexto de temor intenso las sociedades pueden tomar malas decisiones e incluso estigmatizar a ciertas personas o grupos.
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