Un mundo menos pacífico y seguro
A la luz del recrudecimiento del conflicto en Medio Oriente y la tensión que se vive en Ucrania, tras el derribo de un avión de pasajeros por un misil, se está lejos de la coexistencia pacífica mundial. La persistencia del conflicto árabe-israelí, finalmente, parece darle la razón a aquellos que allí ven un "choque de civilizaciones", expresión acuñada por Samuel Huntington.Según esta formulación, el Islam y Occidente constituyen bloques culturales contrapuestos, en conflicto. Es decir la guerra es inevitable, y el pronóstico es que acabará el día en que uno de los contendientes se imponga sobre el otro.Pero otros hablan de un "choque de religiones", recordando que tras la Guerra Fría, que enfrentó a Estados Unidos y a la Unión Soviética, lo que hoy sacude al mundo está alimentado por interpretaciones violentas y fanáticas de alguna de las tres religiones monoteístas.Según esta hipótesis, detrás de la fuerza militar que se despliega en los escenarios de conflicto, está presente la lucha teológica en torno a lo que significa ser judío, musulmán o cristiano.A todo el mundo, por tanto, nos debería importar qué versión religiosa se impone en el mundo musulmán: si una tolerante con las otras creencias, y dispuesta al diálogo inter-religioso, u otra que hace del atentado suicida un acto virtuoso.Por otro lado, ¿qué versión del judaísmo dominará en Israel? ¿Acaso una fundamentalista, para la cual cada granito de arena de Palestina pertenece íntegramente al pueblo judío, porque le fue dado por Dios?A todo esto, el derribo del vuelo MH17 de Malaysia Airlines en cielo ucraniano, en pleno conflicto armado entre las fuerzas de Kiev y los rebeldes pro-rusos, acaba de desatar una ola de conmoción en todo el mundo.Más allá de la autoría del siniestro, y del estupor global ante el cohete que derribó el avión con 298 personas a bordo, la crisis en Ucrania se revela como una situación geopolítica peligrosa."El orden mundial actual es bastante desolador", concluyó hace poco Ian Bremmer, experto en política internacional, para quien el drama de hoy es la ausencia de "un liderazgo mundial coordinado".Sólo una jefatura de esa envergadura, sostuvo, podría enfrentar los desafíos como el cambio climático, los Estados díscolos, la proliferación nuclear, las tensiones étnicas, o las crisis como las de Siria o Ucrania.A pesar de los esfuerzos de aquellos que pregonan una coexistencia planetaria, un ordenamiento mundial donde la comunidad de naciones pueda vivir en un entorno pacífico, los asuntos humanos se revelan atravesados por conflictos y tensiones violentas.El fracaso y la decepción emergen ante el hecho de que la guerra parece ser una amenaza constante, una "institución" que tendría raíces en la naturaleza belicosa del hombre.¿Será que es inútil decirles a los hombres que éste es el mejor mundo posible, que todo esfuerzo por mejorarlo es una pérdida de tiempo y la virtud consiste en someterse a su eterna imperfección?Sin embargo, la actitud de dejar las cosas como están, abandonadas a su propia lógica, solo podría empeorarlas. Sería como renunciar a enfrentar los problemas por anticipado, dejando que estallen por su cuenta.Como ha dicho el escritor inglés G.K. Chesterton: "Si usted deja las cosas en paz, las deja tales como son. Pero no las deja en paz. Si deja en paz a una cosa, la deja librada a sus propios cambios".
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