Un mundo signado por la inquietud económica
La persistencia de la crisis instalada en el corazón del mundo rico -el temblor sacudió primero a Estados Unidos y ahora a Europa- da pábulo para los pronósticos más sombríos.Cuando en septiembre de 2008 quebró Lehman Brothers, un temblor de proporciones sacudió al capitalismo. La crisis de Wall Street mostró, así, que ni Estados Unidos se salvaba del desenfreno financiero.Como la crisis de 1929-31, que dio lugar a la Gran Depresión del siglo XX, se convocó nuevamente al Estado para salvar al mercado, siguiendo la receta de lord Maynard Keynes.El episodio perforó el sistema de creencias en el mundo económico. El libremercadismo, se concluyó, había pecado por no poner límites a las finanzas internacionales.La presidencia del demócrata Barack Obama ha liderado esta revisión ideológica. ¿Salió Estados Unidos de la debacle de las hipotecas? No está claro.Lo que sí se sabe es que el temporal financiero cruzó el Atlántico y ahora es Europa la víctima. Las noticias que llegan del Viejo Continente sorprenden por su gravedad.Hasta donde se sabe, allí el Estado está haciendo fenomenales ajustes para tranquilizar la ira de los mercados financieros. El estado de bienestar europeo, construido desde la Segunda Guerra Mundial, parece haber entrado en terapia intensiva.¿La operación quirúrgica es la indicada? Y dado que las economías están estrechamente interconectadas, es decir globalizadas, ¿qué impacto tendrá en el resto del planeta?El partido de los apocalípticos ya tienen su diagnóstico: lo que está en crisis no son los países sino las bases mismas del sistema. ¿Pero acaso el capitalismo no ha logrado sortear siempre sus contradicciones internas?Cuando se vaticinó el fin del sistema, en 1929, en Occidente sobrevolaba el fantasma de Carlos Marx y de la revolución bolchevique. "Existe una alternativa", proclamaba la izquierda radical.Hoy, sin embargo, salvo el retorno del Estado para regular los flujos financieros, no emerge un sistema alternativo al capitalismo. Las recetas que se discuten no cuestionan las bases del sistema.Se diría que se acepta la premisa de que el capitalismo tiene ciclos de expansión y retracción. Y en este contexto, la discusión pasa por saber cuál es el mejor remedio para la actual coyuntura.En el caso de Europa, ¿conviene recortar los presupuestos estatales justo en momentos en que hay caída de la actividad económica? ¿No será mejor retornar a Keynes, para quien en estos casos el peor pecado es deprimir la demanda?Por lo pronto, el economista keynesiano Paul Krugman, ante la solución "ortodoxa" del ajuste, acaba de vaticinar una larga "depresión", que tendrá "un costo para la economía mundial y, sobre todo, para los millones de vidas azotadas por la falta de empleo".A decir verdad, resulta difícil prever la dinámica de la crisis en el corazón del mundo rico. Y esto porque la historia, que la hacen los hombres, puede tomar giros inesperados.Por ejemplo, no estaba en los planes de nadie lo que se verifica hoy: que mientras el mundo desarrollado está en crisis, todos los países latinoamericanos están creciendo, como si la taba económica entre el Norte y el Sur se hubiera dado vuelta.Desde hace por lo menos una década no cuaja la teoría de la CEPAL, fraguada a mediados del siglo XX, para la cual los llamados "países periféricos" estaban condenados a la miseria, porque producían bienes siempre mal pagos en el comercio mundial.Se sabe que China y el mundo asiático, al adquirir materias primas (alimentos, minerales y demás), explican este florecer del mundo periférico, entre ellos de Argentina, un país soja-dependiente.Pero entonces, ¿quién previó que la China de la Revolución Popular fundada por Mao Tse-Tung, propulsor de la "Revolución Cultural Proletaria", disputaría palmo a palmo la supremacía capitalista, y se convertiría en el motor de la economía global?
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