Un país que no sabe vivir sin inflación
El presidente de la Nación dijo en estos días que "va a llevar un tiempo" bajar la inflación, dando a entender que se está frente a un fenómeno difícil de doblegar.Las encuestas, paralelamente, dicen que la suba de precios ha superado a la inseguridad en el ranking de las preocupaciones ciudadanas. Como ha pasado siempre, el desafío de la política es lidiar con la bestia negra de la economía argentina.A poco que se mire la historia del país se caerá en la cuenta que los aumentos de precios no son un problema coyuntural sino cultural. Argentina, efectivamente, no sabe vivir sin inflación.Tomando el lapso 1940-2013, alcanzó la astronómica cifra de 4.835.716.461.499%, según el economista Iván Cachanosky. Esto equivale a decir que la inflación fue de 4,8 billones por ciento para esos 73 años.Esta cifra impactante representa la cantidad de ceros que se le han ido quitando a la moneda debido a la inflación: 13 ceros, atravesando cinco denominaciones distintas.Con semejante envilecimiento monetario se entiende por qué razón los argentinos han adoptado al dólar como moneda para ahorrar (reserva de valor) y para tasar los bienes (unidad de cuenta).De ahí que el economista Juan Llach crea que el "problema cultural" de la Argentina es la inflación y no el dólar. En realidad, no es por falta de patriotismo que se prefiere la divisa extranjera, sino porque nadie es tan estúpido como para querer arruinarse con una moneda que se devalúa todo el tiempo.El problema de la inflación en la Argentina viene desde hace décadas, y el país es conocido en el mundo como un caso de estudio específico, tanto a partir de la persistente inflación registrada desde la década del '40 hasta la actualidad, como por el proceso hiperinflacionario de 1989.De hecho el país integra el minúsculo y extravagante club de los países con más alta inflación del mundo, junto a Venezuela, Ucrania, Sudán del Sur, Zambia, Yemen y Malawi.A lo largo de su historia, los gobiernos argentinos hicieron varios intentos por neutralizar la inflación. Algunos de ellos quedaron inmortalizados en frases célebres como "Hay que pasar el invierno", de 1959 y "Les hable con el corazón y me contestaron con el bolsillo", de 1989.Los argentinos se han topado estos años con distintos "planes" -austral, primavera, convertibilidad, por caso- que pretendieron sofrenar la bestia negra utilizando artilugios de todo tipo: congelamiento de salarios, veda o racionalización de productos, congelamientos de depósitos, controles de precios, establecimiento de precios máximos a productos de consumo, pactos sociales (Estado, empresarios, sindicatos), indexaciones, tablitas cambiarias, cambio fijo con el dólar, entre otros.La historia económica argentina, en los últimos 70 años, habla de persistentes conflictos sociales y políticos, y de una eterna lucha sectorial por la distribución, como reflejo de la pertinaz y volátil tasa de inflación.¿Por qué razón otros países lograron eliminar la inflación y Argentina no? ¿Es que el país está condenado a vivir con este fenómeno que destruye la economía y altera la paz social? ¿Es el eterno karma nacional, frente al cual ninguna receta funciona?La inflación es un fenómeno que ha sido largamente estudiado y otras sociedades han logrado dominarla. ¿Cuál es la razón que impide que este flagelo, que aqueja al país desde hace más de medio siglo, minando sus posibilidades de desarrollo, sea erradicado en estas pampas?
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