Un país signado por la tragedia atómica
Resulta espontáneo asociar el terror atómico que hoy embarga a los japoneses, tras el inédito terremoto, con el holocausto de Hiroshima y Nagasaki, ocurrido hace 65 años.Las últimas informaciones dan cuenta que en la isla asiática cunde el miedo a una contaminación por radiación, a partir de que algunas reactores nucleares fueron seriamente dañados por el brutal terremoto ocurrido el pasado viernes 11.El fantasma de Chernobyl sobrevuela la imaginación del hoy castigado pueblo nipón. A la devastación causada por el movimiento telúrico y el tsunami posterior, se suma el pánico por la amenaza nuclear.La preocupación por la fuga radiactiva ya provocó la evacuación de cientos de miles de personas que viven cerca de las plantas. Incluso hay alerta en los países vecinos por la posible nube radiactiva.El 26 de abril de 1986, el reactor numero 4 de la central soviética de Chernobyl (Ucrania) explotó durante una prueba de seguridad, causando la más grave catástrofe nuclear civil y provocando la muerte de decenas de personas.Durante 10 días, el combustible nuclear estuvo quemándose soltando a la atmósfera elementos radiactivos de una intensidad equivalente a más de 200 bombas de Hiroshima y contaminando tres cuartas partes de Europa.Japón es un país dependiente de la energía nuclear. Pequeño territorialmente, densamente poblado y altamente desarrollado, gran cantidad de la electricidad que consume, proviene de 56 reactores nucleares.Encima la isla está en el "cinturón de fuego del Pacífico", la zona sísmica por antonomasia del mundo. Al parecer, los japoneses han hecho caso omiso a la recomendación de los expertos según la cual no deben construirse plantas nucleares en estos lugares.Ocurre que la gestión de una planta nuclear es delicada. Se trata de minimizar todos los riesgos que pudieran complicar el funcionamiento de los reactores, cuyas fallas pueden ser letales para la vida. Si es así, ¿por qué construirlas en áreas de movimientos sísmicos?De hecho el país asiático ha sufrido en los últimos 30 años cuatro accidentes en sus plantas nucleares, que provocaron contaminación radiactiva.Japón, por otro lado, ha sido la única víctima de una agresión militar con armas nucleares. El 6 de agosto de 1945, un bombardero B-29 estadounidense, lanzó la primera bomba atómica sobre Hiroshima, matando inmediatamente a 80 mil civiles.Tres días más tarde fue lanzada otra bomba similar sobre Nagasaki, matando a 70 mil personas. Sin embargo, las víctimas de ambas ciudades japonesas fueron muchas más, por los efectos de la radiación. A marzo de 2010, según datos oficiales, los muertos en ambas tragedias sumaban 227.565 personas.El 15 de agosto de 1945, tras el bombardeo nuclear, el emperador Hirohito anunció la rendición incondicional de Japón, que fue protagonista de la II Guerra Mundial, formando parte del Eje junto a Alemania e Italia.Hiroshima y Nagasaki fueron una verdadera tragedia para la humanidad. Así lo vio el célebre escritor argelino Albert Camus, quien en un editorial escribió: "La civilización mecanizada acaba de alcanzar la última etapa del barbarismo".Y señaló: "En un futuro cercano tendremos que elegir entre el suicidio total y el uso inteligente de las conquistas científicas (...) esto puede no más ser simplemente un rezo".El editorial de Camus bien podría escribirse ahora. Cuando el desarrollo nuclear de Japón, a causa de una catástrofe de la naturaleza, amenaza con volverse en contra de sus habitantes, bajo forma de contaminación radiactiva.
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