Un plan B para salvar al planeta
Bombardear la atmósfera con sulfato para bloquear el sol, produciendo un efecto "sombrilla", o aumentar la capacidad reflectante de las nubes para que una parte del calor solar sea devuelto al espacio.Fertilizar el océano con hierro para favorecer que las algas absorban dióxido de carbono, o construir máquinas que extraigan el CO2 directamente del aire y lo almacenen bajo tierra.Estas "opciones" no están extraídas del libreto de alguna película futurista que trate sobre el futuro apocalíptico de la humanidad. Ni están inspiradas en las escenas de alguna obra literaria de ficción.Constituyen en realidad las soluciones extremas pensadas por un sector de la comunidad científica para atajar el fenómeno de calentamiento global, ante la posibilidad cierta de que la Tierra se haga invivible.La receta la aporta la Geoingeniería o Ingeniería Planetaria, que plantea la aplicación de la tecnología con el propósito de influenciar en las propiedades físicas del globo.Se trata de poner en marcha la manipulación a gran escala del clima planetario para hacer frente a un inminente colapso ecológico para todas les especies terráqueas.El telón de fondo es que el planeta sufre una inusual subida de temperatura como consecuencia de la actividad humana, ajena al peligro que supone la explotación desmesurada de los recursos terrestres y el exceso de la contaminación que esto genera.Los síntomas del desarreglo vinculado al "cambio climático" están a la vista: graves inundaciones, largos peligros de sequía, tifones más intensos y destructivos, retroceso de los glaciares, deshielo de los polos y récord de temperatura planetaria desde que se la midió globalmente.El diagnóstico de varios expertos es que los esfuerzos para lidiar contra el cambio climático hasta acá han sido infructuosos, que se avanza poco y nada en la reducción de las emisiones de gas de efecto invernadero.Es probable, entonces, que el proceso de deterioro plantario seguirá avanzando y cada vez será más difícil vivir en la Tierra.Ante este panorama los expertos de ingeniería climática de las universidades de Leeds, Bristol y Oxford, creen que ya es hora de considerar seriamente una receta extrema, aunque su posible aplicación provoca pavor en mucha gente (que teme que el remedio sea peor que la enfermedad).Plan B es un término frecuente para denominar al plan secundario a seguir en caso de que el plan principal falle. Se podría decir, por tanto, que la geoingeniería tendría su plan B para el planeta.Aunque reconoce que interferir a gran escala deliberadamente en la naturaleza implique grandes riesgos, el ingeniero climático de Steven Reyner, de la universidad de Oxford, considera que sería una "irresponsabilidad no explorar" esta variante.Matt Watson, de la Universidad de Brisol, advirtió que las cuestiones que rodean a la geoingeniería son muy complejas y delicadas. Y agregó: "No nos gusta la idea, pero cada vez estamos más convencidos de que tenemos que investigarlas". "Personalmente- reflexionó- estas cosas me parecen aterradoras, pero habrá que decidir si es mejor no hacer nada, seguir igual y llegar a un mundo con la suba de la temperatura de 4° C".Paul Crutzen, director del Instituto de Química Max Planck en Alemania, que recomienda inyectar cantidades masivas de sulfuro hacia la atmósfera de manera que menos rayos solares la penetren, sostiene que la suya es una respuesta ante la falla de los esfuerzos políticos por reducir las emisiones de carbono.
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