Opinion |

Un Rey o el Rey

Después de la presencia de Jesús en este mundo, algunas palabras han cambiado o profundizado su significado.

Por monseñor Jorge Eduardo Lozano

Esto lo podemos afirmar respecto de las expresiones que utilizamos en la religión: Dios, perdón, conversión, oración… Y también acerca de aquellas que expresan los vínculos entre personas: amigo, hermano, prójimo, rey, autoridad.

Hoy celebramos en la Iglesia la Solemnidad de Cristo Rey del Universo. Una fiesta que nos muestra la vocación de toda la humanidad y la creación entera a la transformación en un reinado del cielo. Como dice el Apocalipsis, el último libro de la Biblia, “cielo nuevo y tierra nueva” (Ap 21, 1).

San Pablo nos presenta en varios pasajes este llamado de toda la creación, del universo entero “a fin de que Dios sea todo en todos” (I Cor 15, 28). Y en la Carta a los Romanos nos enseña que “toda la creación espera ansiosamente esta revelación de los hijos de Dios. Ella quedó sujeta a la vanidad, no voluntariamente, sino por causa de quien la sometió, pero conservando una esperanza. Porque también la creación será liberada de la esclavitud de la corrupción para participar de la gloriosa libertad de los hijos de Dios". (Rm 8, 19-21). Con la consumación de la Pascua en toda la humanidad se producirá también la renovación del mundo entero.

Esta es la finalidad de toda la creación, de todo el Universo.

Pero, ¿y mientras tanto? ¿Qué pasa? ¿Cristo también es Rey? La respuesta es ¡Sí!

Sin embargo debemos aclarar que no al modo de los reyes de este mundo. Entender esto costó mucho a los discípulos de aquel tiempo, y debemos reconocer que a nosotros tampoco nos resulta fácil.

Los reyes viven en palacios, tienen cortesanos que cuestan dinero, son personas influyentes. En el ideario colectivo está que se les tiene miedo por el modo arbitrario en que utilizan del poder disponiendo acerca de la vida de los demás. Tienen ejércitos poderosos, armas, custodia férrea.

Jesús, en cambio, nació en un establo, su familia tuvo que huir a Egipto por la persecución de Herodes. Estuvo acompañado por los 12 Apóstoles de los cuales la mayoría eran trabajadores, y un grupo de discípulos (varones y mujeres) que le asistían con sus bienes.

Murió crucificado, despreciado por muchos, abandonado por los más cercanos, salvo su mamá y un puñado de seguidores fieles.

Incluso en la Cruz lo insultaban diciendo “que se salve a sí mismo”, buscando su propio interés y no el de los demás.

El Evangelio de San Lucas (23, 35-43) que hoy leemos en las misas nos relata el momento de la crucifixión de Nuestro Señor Jesucristo. Allí se pueden ver las distintas actitudes de la gente ante esta condena injusta.

El Rey-Maestro de Nazareth nos enseñó que la autoridad es un servicio. De esto nos dio ejemplo durante toda la vida.

“El que quiere ser el primero, debe hacerse el último de todos y el servidor de todos” (Mc 9, 35).

*Arzobispo de San Juan de Cuyo y miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral Social

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