Un tiempo en el que asedia la propaganda
En la Argentina se vive una época electoral y eso significa que el espacio público y sobre todo televisivo se satura de mensajes partidistas, con el objeto de atraer la simpatía de los votantes.El arte de conmover y persuadir data de tiempos remotos. Las teorías retóricas clásicas de los griegos y romanos de la antigüedad elogiaban el discurso que pudiese convencer al auditorio.Esta persuasión podía tomar la forma de un argumento, un debate, una discusión o bien sólo un discurso razonado que defendiera o rechazara una determinada proposición.En la ciudad-estado de Atenas, la democracia impulsaba a los ciudadanos a entrenarse en estos menesteres retóricos, a partir de los debates que se desarrollaban en las asambleas políticas.Por otro lado, se exigía a los ciudadanos defender sus propios casos ante los tribunales judiciales. De esta manera a cada uno se lo creía capaz de expresarse por sí mismo.La oratoria por tanto se imponía en la ciudad ateniense, y el filósofo Aristóteles la define como el arte de la persuasión a través de la palabra hablada. Una técnica tendiente, así, no sólo a desarrollar buenos argumentos sino a saber convencer.El intento de atraer a los demás al punto de vista propio -que suponía todo un aprendizaje en términos de argumentación-, es la esencia de lo que los antiguos asimilaban bajo el nombre de retórica.La propaganda es una forma de persuasión que ha llegado a dominar nuestra vida moderna. En realidad cuando utilizamos ese término nos referimos a las técnicas masivas que difunden ideas u opiniones, a menudo mediante el uso de mentiras y engaños."Propaganda" proviene del latín propagare, que alude a la práctica del jardinero de colocar retoños frescos de una planta dentro de la tierra para producir nuevas plantas que tendrán vida propia.Una implicación del término, por tanto, (como se utilizó por ejemplo en el siglo XVII) es difundir ideas a través de su cultivo deliberado o generación artificial. Pero en el siglo XX, esta práctica connotó algo siniestro, un intento deliberado por manipular, a menudo por medios ocultos o turbios.Esto se debió al uso oficial de la propaganda como arma en las guerras totales de los tiempos modernos, que comenzaron con la Primera Guerra Mundial. Quienes abusaron de este procedimiento fueron sobre todos los regímenes totalitarios, como el nazismo, el comunismo y al fascismo.Pratkanis y Aronson (1991) definen la propaganda en estos términos: "La sugestión o influencia masiva, a través de la manipulación de símbolos y de la psicología del individuo. La propaganda es la comunicación de un punto de vista con la meta ulterior de lograr que el receptor de la petición acepte 'voluntariamente' esta postura como si fuera propia". La definición entraña una carga negativa, toda vez que no se trataría de convencer mediante argumentos racionales (como postula la persuasión) sino de limitar de manera deliberada las opciones del individuo, apelando a recursos emocionales, poco objetivos.La propaganda, así vista, buscaría no una adhesión leal del receptor -apelando a su racionalidad- sino que sería una estrategia de acción psicológica, que incluye la táctica de manipulación del inconsciente.La propaganda política suele sustituir los argumentos razonados por eslóganes e imágenes impactantes. Es decir apela menos al pensamiento que a la afectividad de los votantes, del cual se espera un juicio independiente y responsable.En ese caso, en lugar de votar ideas se vota apariencias visuales.
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