Un trastorno atípico del que poco se sabe
El caso de una joven de Paraná que está cuadripléjica e internada en un hospital de San Pablo, Brasil, se suma al de Martín Renzacci, cuya historia tomó estado público el año pasado. Ambos han padecido un mal extraño: el síndrome de Guillain-Barré.Vivian Romina Buchmann, estudiante de la UNER, viajó en diciembre a San Pablo. Y allí comenzó con problemas motrices que obligaron a hospitalizarla. Hoy está cuadripléjica, entubada y se comunica con un cartel con letras, señalando lo que quiere decir.Carlos Buchmann, su padre, en declaraciones a El Once Digital, reconoció que su hija tiene el síndrome de Guillain-Barré, siendo estable su condición.El mal fue contraído el año pasado por otro argentino, Martín Renzacci, que pasaba su luna de miel en Tasmania. El joven oriundo de Bahía Blanca, estuvo internado durante dos meses en Australia.Estuvo al borde de la muerte, pero pasó a una paulatina recuperación y hoy, en el país, comenzó a desplazarse por sus propios medios. Su historia, de la cual se hizo eco la prensa en su momento, anotició al público de este trastorno grave en el que el sistema inmunológico del cuerpo ataca por error al sistema nervioso."El síndrome de Guillain-Barré es de baja incidencia en la población, ya que se manifiesta en uno a tres casos cada cien mil personas y afecta los nervios periféricos del sistema nervioso del cuerpo, principalmente en la médula espinal", explicó el doctor Alberto Dubrovsky, jefe del Servicio de Neurología y Enfermedades Neuromusculares del Instituto de Neurociencias de la Fundación Favaloro.Luego que se le declaró el mal, el joven Renzacci recibió el llamado de alguien que lo había padecido, pero del que se había recuperado totalmente. Esa persona fue Margarita Stolbizer, del Partido Frente Amplio Progresista (GEN), quien con su testimonio pretendió confortar al joven."Esta enfermedad la tuve en el año '84. Yo empecé a sentir cosquilleos, empecé a sentir que la cara se me ponía 'dura', que los pies iban perdiendo fuerza", relató en esa ocasión la dirigente política.Si bien al principio no le dio importancia, con el tiempo comenzó a recorrer a varios especialistas. "Hice varias consultas en los médicos, pero no me detectaban qué era lo que tenía. Empezaron diciéndome que era un cuadro gripal. Hasta que finalmente entré a un clínica, arrastrando los pies, y un neurocirujano lo detectó inmediatamente y me internó", dijo Stolbizer.Y añadió: "Yo fui perdiendo la movilidad estando ya dentro de la clínica, me tenían que cerrar los ojos con los dedos, con las manos, porque no podía hacerlo sola, no lo manejaba. Llegué a perder totalmente la movilidad, sobre todo de las piernas. La angustia que tenía en ese momento era porque creía que no iba a volver a caminar. No sentía nada".Afortunadamente, el síndrome no le atacó los pulmones, lo que hubiese provocado un cuadro severo a nivel respiratorio. Stolbizer explicó que el mal fue cediendo paulatinamente.Después de varios meses su recuperación fue total, "salvo los gestos que me quedaron en la cara, que los que me conocieron después no se dan cuenta", relató.Al explicar la etiología del mal Dubrovsky dijo que puede sobrevenir con ocasión de una bacteria o un virus. No son ellos lo que producen el daño, "sino la reacción del propio cuerpo a través de su sistema inmunológico, un complejo mecanismo nervioso, que no puede distinguir entre los propio y lo extraño. Falla el sistema para combatir infecciones internas ya que se equivoca y ataca a los nervios periféricos del cuerpo".
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