Un trueque de nuevo cuño a través de la web
El intercambio de objetos donde no intermedia el dinero es una práctica que existe desde tiempos antiquísimos. En los nuevos entornos mediáticos se consolida una tendencia de contenido precapitalista.El artículo de Laura Reina, para La Nación, nos anoticia que de la mano de Internet y las redes sociales ha regresado un trueque motivado menos por el interés económico.Compartir, intercambiar, dar, son los términos que grafican la experiencia que, tratándose de la Web, es de alcance global. De hecho, lo que subyace a los intercambios no está guiado exclusivamente por el instinto adquisitivo."En Facebook, en Twitter, en YouTube compartimos ideas, estados de ánimo, fotos, música, películas, libros. Pero en los últimos tiempos, está tomando fuerza una nueva tendencia, donde se comparten bienes tangibles", refiere Cecilia Nigro, miembro de The Wow Factor, una consultora especializada en lifestyling."Acá el motor es la solidaridad y la sustentabilidad. Porque a través del intercambio reducís los niveles de basura y desperdicios. El consumo desenfrenado, que lleva a acumular cosas ya no está bien visto", explicó Nigro.Se trataría, por tanto, de un trueque en el que el objetivo es "bajar el nivel de consumo, alargar la vida útil de las cosas o, en el caso del intercambio de casas, tener una experiencia de viaje distinta", apuntó por su lado su socia Mariana Rapoport.Los usuarios no sólo suben a la Web los muebles, electrodomésticos, vestidos, remeras, camisas o zapatos que quieren trocar. También comparten casas para experimentar una nueva manera de viajar y conocer el mundo.En la página Home Exchange, por ejemplo, las personas se anotan para intercambiar sus casas, en el marco de una experiencia vacacional. "Es un sistema basado en la confianza. Muchos te dejan el auto y las mascotas", refiere María José Duffy, que incursiona en esta modalidad de prestar la casa.Otra tendencia es el couch surfing, que es dar alojamiento gratis a un extraño en la casa. "Hace poco recibimos a dos sudafricanas -comentó Duffy.- Ellas querían hacer intercambio de casas con nosotros, pero como no teníamos interés en ir a Sudáfrica, se hospedaron acá. Es muy lindo recibir gente. En este caso no hay un intercambio, es un dar totalmente desinteresado. Este tipo de cosas mejoran el mundo".Diego Sáez Gil, un emprendedor argentino que hizo un master en Barcelona, aprovechó esta modalidad para viajar por toda Europa. Más tarde se instaló en Nueva York, donde emprendió junto con dos socios una organización de viajes para jóvenes.Dicha organización promueve las nuevas tecnologías móviles y sociales, así como la economía del intercambio, para conocer el mundo.El couch surfing "es una posibilidad muy interesante para viajar por bajo costo, pero además para conocer y compartir con personas locales y establecer vínculos de fraternidad, que rompan las barreras nacionales y culturales", contó Sáez Gil.La antropología económica ha descubierto hace tiempo la lógica que regía los intercambios en las sociedades primitivas no occidentales o capitalistas.La ceremonia del "potlatch", realizada por ejemplo por los pueblos indios de la costa del Pacífico en el noroeste de Norteamérica, consiste en el intercambio de regalos, donde se refuerzan las relaciones jerárquicas.El anfitrión muestra su riqueza e importancia regalando sus posesiones, queriendo dar a entender que tiene tantas que puede permitirse hacer tantos regalos. Esto ocasiona que los participantes le correspondan cuando celebran su propio potlatch.Esto revela que el trueque no siempre ha estado guiado por la lógica del lucro.
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