Un vivificante refresco electoral
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Leyendo los diarios de estos días, nos da la impresión de que por fin "el año verde" argentino ha llegado en materia electoral.Gustavo Rivas Tanto a nivel nacional como en nuestra Provincia -a modo de espejo- se han celebrado importantes reuniones gubernamentales con representantes de los partidos políticos y de sectores académicos, con vistas a una amplia reforma política, en cuyos objetivos parece haber consenso.Siendo éste, un tema tan esencial para la vida democrática, había sido descuidado no sólo por los gobernantes, sino por las oposiciones, que sólo muy encima de las elecciones, se acordaban de darle prioridad en sus propuestas, a lo que debió ser un tema primordial y permanente.La legislación electoral debe ser clara, accesible, facilitadora de la actividad de los partidos y sobre todo, sencilla para el elector. Además deber ser neutra, perdurable en el tiempo y estable en su contenido. Nada de eso se ha dado en nuestro país desde que recuperamos la democracia y antes aún.Baste recordar que ninguna elección de la última década se rigió por las mismas reglas. Así como en los países serios la base de la legislación electoral perdura -algunas reglas llevan siglos- y sólo se modifican en contadas y justificadas oportunidades, acá para cada contienda tuvimos una legislación distinta, generalmente amañada a los intereses de los gobernantes de turno. En ese torbellino normativo, el elector argentino fue literalmente atormentado con sucesivos inventos: leyes de lema, de acople, neolemas, listas sabanas, colectoras, "boleta chorizo" y otras siniestras creaciones. En 2002 se llegó al extremo de que la ley que regía la selección de los candidatos, se declaró "en suspenso" por un decreto del PEN y en su lugar, se impuso a todo el electorado argentino, definir la interna peronista en la elección general. Últimamente se sancionó una ley nacional de internas abiertas simultáneas y obligatorias, supuestamente para que en el seno de los partidos, surgieran prístinas las candidaturas, desde la voluntad de los votantes. Pero en la práctica, los candidatos se designaban a dedo desde Olivos o desde Paraná, al igual que del mismo modo luego los bajaban. En 2007 en Entre Ríos nos adelantaron sorpresivamente las elecciones, consagrando en marzo las autoridades que asumían en diciembre. Se sancionó también una ley entrerriana abstrusa y complicante, que encima, se la designaba por el nombre de su autor, como si fuera un dechado de virtudes. En el último período, la reformaron dos veces, ya lanzado el proceso electoral, para que algunos puedan pegar y otros no. O leyes anudadas entre partidos mayoritarios, como la que dejó afuera en nuestra ciudad a quien pudo ser el primer concejal socialista.Sin embargo, peor la pasaron los tucumanos, que en Agosto de 2015 tuvieron que elegir entre 30.000 candidatos para cubrir 347 cargos.Parece que termina tanto destrato al electorado y vapuleo mezquino de una institución básica para la Democracia y la República. Y que tendremos por fin un sistema electoral que nos respete: boleta única electrónica, autoridad electoral independiente y simplificación del calendario. Ello evitará la mayor parte de los vicios y fraudes electorales, los robos de boletas, las complicaciones para la aprobación de las mismas, el costo sideral y el desperdicio de papel. Facilitará el control de las elecciones igualando a los partidos chicos que no cuentan con suficientes fiscales, agilizará el conocimiento de los resultados, sin tantas horas de incertidumbre y consiguientes sospechas.Sólo resta que la ciudadanía se interese por este tema y lo siga. Si se llega a buen término, algún día, cuando las nuevas generaciones sepan cómo se votaba en Argentina, talvez comprendan mejor la causa de nuestras carencias.
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