Una ciudad donde poder vivir y crecer
Cómo hacer del entorno urbano el lugar en el cual las personas logren una mejor calidad de vida al tiempo que desarrollan todas sus potencialidades, y que además sea respetuoso del medio ambiente. Ésa es la inquietud que hay detrás del concepto de "ciudad amigable", acuñado por los urbanistas con el objeto de reajustar el entorno citadino a las necesidades humanas.Una ciudad más humana, en la cual sea más fácil poder vivir, supone privilegiar al ciudadano y sus necesidades por encima de cualquier otra consideración.Poner los entornos al servicio de las preferencias de quienes viven en ellos, sin distinción de rango social, de edad, o de biología, supone una toma de posición sobre el desarrollo urbano.Y esto porque de hecho es posible urbanizar sobre la base de otro criterio más exclusivistas (por ejemplo, siguiendo los intereses de los especuladores inmobiliarios o puramente comerciales).Un desarrollo urbano enfocado en las personas, por ejemplo, podría suponer reducir la dependencia de automóviles, la promoción de sistemas de transportes públicos eficientes (tanto por el recorrido como por la características de sus unidades), el uso de la bicicleta o la movilidad peatonal.Sobre todo hacer las ciudades más agradables y respetuosas con el medio ambiente. De hecho resulta un contrasentido tener un hábitat en el que sus habitantes se enfermen por polución.La degradación ambiental es incompatible con el concepto de ciudad amigable; se diría que son realidades antagónicas. Los ineficientes tratamientos con la basura o la falta de higiene general de los espacios comunes, atentan decididamente con una mejora en la calidad de vida.Ni hablar de los daños ecológicos producidos por procesos industriales o por actividades económicas de cualquier índole cuyos métodos productivos (o de desecho) no se hayan adaptado a paradigmas de respeto al medio ambiente.Una ciudad amigable, además, no tolera la morbilidad urbana de asentamientos irregulares en la periferia, que es el rostro de la pobreza extrema.El acceso a la vivienda de sectores sociales desfavorecidos -lo que supone la provisión de infraestructura de servicios necesaria- hace a la idea de que todos deben disfrutar del espacio urbano.Además, la ciudad debe ser amigable con la edad. Por ejemplo con las personas mayores, en un contexto de fuerte envejecimiento demográfico. ¿Se pregunta a este colectivo etario a la hora de la planificación urbana?Las personas mayores suelen agradecer la oferta de actividades culturales y recreativas que posibilitan su integración social. Pero se suelen quejar, por ejemplo, de la inseguridad derivada de la elevada criminalidad y delincuencia, las veredas rotas, la falta de mantenimiento de los espacios verdes, la inadecuación del transporte público, la inaccesibilidad de los edificios.Asociada a esto está la realidad de las personas con capacidades físicas distintas. La ciudad tradicional fue pensada sobre un patrón biológico estándar excluyente, en que lo "normal" hace un recorte arbitrario sobre las personas.Pero exilia del espacio público a los que no se ajustan a esa definición. Los condena a una suerte de ostracismo social. Cuando lo "normal", en realidad, es la diversidad de los cuerpos y las capacidades.Y es desde la diferencia real de las personas, y no desde modelos abstractos excluyentes, que debe diseñarse una ciudad si quiere ser amigable. Y en este sentido se ha tomado nota de la necesidad de romper con las barreras arquitectónicas existentes.
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