Una conjura cultural contra el lenguaje
En el día mundial del libro y el del idioma español cabría preguntarse si hay fuerzas culturales que propician el desfondamiento del lenguaje, el acorralamiento de nuestra capacidad verbal.Es la tesis de "La palabra amenazada", el libro escrito en 2005 por Ivonne Bordelois, poetisa y ensayista argentina, donde advierte sobre la existencia de una cultura que intenta "aniquilar la conciencia lingüística".Los poderes fácticos de la época, al parecer, han declarado obsoleta la palabra, aunque al alto precio de violentar al propio hombre, un ser al que lo define justamente su capacidad parlante.El filósofo alemán Martin Heidegger ha dicho cosas muy profundas sobre este punto. "El lenguaje es la casa del ser. En esta morada habita el hombre", escribió al exaltar sobre todo el papel de los poetas, en quienes el misterio del mundo se devela.En el lenguaje del poeta, el hombre no es el que habla, sino el lenguaje mismo y en éste el ser, es decir la verdad más profunda de la vida y el mundo. He ahí, dice Heidegger, la dimensión metafísica del lenguaje.Sin embargo hay una vasta operación de desfonde y de violación de las palabras, según Bordelois. "El lenguaje es un amenazante peligro para la civilización mercantilista, por su estructura única e indestructible, que ningún mercado puede poner en jaque", refiere."Por eso, para los sectores del poder es perentorio, dada la resistencia del lenguaje, volverlo invisible e inaudible, cortarnos de esa fuente inconsciente de placer que brilla en el habla popular", explica la lingüista.La incapacidad de los seres humanos de escucharnos unos a otros -una de las causas de conflicto y violencia- es un reflejo de esta degradación del lenguaje, devenido en un instrumento de alienación de un sistema que finca su dominación en la pura propaganda."El jingle reemplaza a la canción de cuna, el cliché político a la reflexión original, el autismo mediático a las humildes e inspiradas formas de la estética popular o de las voces marginales", reflexiona la especialista.Empobrecer el lenguaje, reducir su vocabulario, implica "jibarizar" lisa y llanamente el cerebro, toda vez que así se reduce nuestra capacidad de aprehender y comprender el mundo que habitamos.En "1984", la notable novela distópica de George Orwell, el poder sujeta a los individuos reduciéndoles la cantidad de palabras, estrechando de este modo su horizonte mental. El régimen totalitario termina por dominar a través de la escasez lingüística."No hay dudas de que esta sociedad está generando multitud de semihombres que al no saber expresarse no saben pensar, no saben defenderse, no saben trabajar, no saben comer, no saben consumir, no saben votar", dice Bordelois.Y añade: "Son seres humanos eminentemente explotables y manipulables, expuestos a las peores condiciones de un mercado de trabajo y de consumo cada vez más devorador y voraz".La escuela, que en teoría debería ser el espacio donde acaece el proceso de liberación, el sitio del despertar lingüístico, parece empecinarse sin embargo en desprestigiar la palabra."En las escuelas se ha dejado de leer, de escribir, de atender al lenguaje en la fuente natural de sus canciones, sus escritores, sus poetas. Y en la mayor parte de los programas se ha desterrado la costumbre de la composición, lo que desemboca en que los jóvenes llegan prácticamente ágrafos a las puertas de la Universidad, sin saber redactar, ni expresar pensamientos ni emociones", diagnostica la autora de "La palabra amenazada".
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