Una cosa por fuera y otra por dentro
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¿Qué pasaría si uno fuera al médico y le miente en el diagnóstico? ¿Si el profesional en el que uno confía disfraza una enfermedad y le oculta datos claves a su paciente? Quizás pensando que le hace un bien, que el enfermo no está en condiciones de soportar la verdad o sólo por maldad. Podrían ser muchas las motivaciones. ¿Qué pasa si un estado miente y falsea las estadísticas públicas? Jorge Barroetaveña En la Argentina tenemos una tendencia, a veces intencional, a veces involuntaria, de debatir superficialidades. Lanata es un periodista crítico que trabaja para un multimedios peleado a muerte con el gobierno. Y es también un provocador profesional, que sabe que sólo dosificando con humor, muchas de las cosas que dice, las volverá un poco más tolerables. Eso y no otra cosa fue la imitación que un desconocido Oggi Junco hizo del Jefe de Gabinete Jorge Capitanich. Podrá ser bizarro, de mal gusto, hasta agresivo, pero no deja de ser humor político, como se ha hecho a lo largo de la historia argentina infinidad de veces. ¿Qué hace la revista Barcelona? ¿Qué hizo la revista Caras y Caretas? ¿Qué hacía Tato Bores con sus magníficos monólogos o la máquina de cortar boludos? Por eso, poner en contexto la imitación de Capitanich nos permitirá descorrer el velo de lo realmente importante. Lanata podrá ser creíble o no para muchos, pero presentó un informa lapidario sobre un magistrado de la Nación que está en el ojo de la tormenta desde más de 15 años. ¿No era ese acaso el verdadero motivo de debate? ¿No describe esa pintura uno de los problemas institucionales más graves que tiene la Argentina? Podrá haber funcionarios corruptos y empresarios que los corrompen. Podrá haber corporaciones que pretendan manipular a los poderes elegidos por la gente. Pero debe haber una justicia que nos proteja. Una justicia insospechada que se atreva a meterse con los poderosos cuando tienen poder y no cuando se han convertido en una rémora de lo que fueron. Es fácil hoy condenar al ex presidente Menem que se ha convertido en un marginal de la política. O poner a De la Rúa en el banquillo de los acusados. O someter a la zaranda pública a María Julia Alsogaray, condena incluida por enriquecimiento ilícito. O meter preso al estrafalario de Leo Fariña y farandulizar cuanta causa política puede llegar a involucrar a los poderosos. A nadie debería sorprender pues que, el anteproyecto de reforma del Código Penal pueda ser extraordinario para Suiza. El detalle es que vivimos en la Argentina de este presente resbaladizo y poco sincero.Oyarbide mientras tanto ha pasado por todos los gobiernos desde la famosa servilleta de Carlos Corach. Ha sorteado numerosos pedidos de juicio político, la reprobación pública y nunca rindió cuentas. Su nombre es mala palabra para la 'familia judicial' que también lo ha protegido y ahora hasta se tomó la licencia de mandarle un claro mensaje al gobierno cuando contó detalles de un procedimiento que dejó mal parado al propio Carlos Zanini, alter ego presidencial. Es evidente que sabe demasiado de todos y no dudó en amagar con contarlo.El deterioro institucional de la Argentina no tendrá destino si el valor justicia no puede ser recuperado. No es admisible tampoco que se insinúa, como en cada recambio presidencial, que existe un pacto de impunidad entre los candidatos. Y hay un detalle sugestivo: Sergio Massa jamás ha hecho referencia alguna a los casos de corrupción que han salpicado al kirchnerismo. Su silencio resulta sugestivo y alimenta los rumores.El festival de cifras entre el INDEC, las consultoras privadas, las universidades y el Congreso ha colocado en la nebulosa la verdadera situación de la economía. Si no se sabe con exactitud cuál es la inflación, cuántos pobres hay o qué resultado arrojó la balanza comercial de la Argentina, es imposible diagramar políticas públicas del signo que sea. Si el médico le miente al paciente en el diagnóstico, ¿cómo puede pretender que este siga sus indicaciones o se muestre predispuesto a la cura?Es evidente que la Presidenta quiere entregar un país en orden y no quiere que en el tiempo que le queda en el poder las variables se le escapen de las manos. Para eso, archivó algunos de los principios, o los guardó por un rato en el ropero, y avanza en un ajuste bastante ortodoxo de la economía. No es algo bueno ni malo, simplemente es. Para esto, necesita en forma imperiosa 'sincerar' las mediciones públicas. Se fue Moreno, Kicillof metió mano en el INDEC, y arrancó un fenomenal esfuerzo por empezar a separar la realidad de la mentira.El nuevo índice de inflación, que se conoció de los meses de enero, febrero y marzo, tiró por la borda todas las mediciones del año 2013. El crecimiento no fue tal, el saldo favorable de la balanza comercial tampoco y menos las cifras de pobreza e indigencia que también deberán ser ajustadas. No es una banalidad saber si en la Argentina hay 10, 11 o 12 millones de pobres. Las estadísticas públicas son el único reaseguro de aplicación seria de las políticas económicas y cuál es el impacto que estas tienen en la realidad. Se puede mentir en muchas cosas pero hacerlo con esto es grave. Los números no son sólo números, detrás esconden a personas de carne y hueso que pagan sus impuestos y apuestan por un estado que los proteja, les de salud, acceso a una vivienda digna o una educación de calidad para sus hijos. El espejo en el que debe mirarse el gobierno está ahí, al alcance de la mano. Si la Presidenta tomó la decisión de mirarse en él y aguantar lo que vea, se sabrá dentro de poco. Siempre dijo que su principal virtud es la sinceridad. Sería bueno que lo tenga presente.
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