¿Una economía que prescinde del trabajo?
El Siglo XXI plantea una nueva inquietud: el sistema económico, cuya lógica es producir más a menor costo, prescinde cada vez más del trabajo humano, que es reemplazado por la tecnología.El analista internacional Jorge Castro ha escrito que en algunos países centrales se está verificando uno de los saltos de productividad más extraordinarios de la historia del capitalismo.La economía norteamericana, que ha venido vapuleada por la crisis financiera, sigue liderando la industria manufacturera mundial. Aunque con una característica: ya no emplea tanta gente como en el pasado.Para producir en ese sector Estados Unidos sólo precisa de 11,8 millones de trabajadores, según Castro. Pero apenas la mitad de ese total integra las líneas de montaje y producción directa.El resto cumple tareas de diseño, marketing, vínculo con proveedores y clientes, financiamiento y plan estratégico. Los que están en las fábricas utilizan máquinas computarizadas que realizan series de operaciones formuladas en logaritmos, requieren formación terciaria y niveles avanzados de matemáticas e informática.Es decir, se alcanzan altísimos niveles de producción sin tantos empleados, y éstos últimos son cada vez más calificados. Aquí la clave de la productividad -que está en la base de la acumulación capitalista- la da el uso intensivo de la nueva tecnología.Los cambios cualitativos y estructurales de la industria contemporánea, que provee de bienes a la población mundial, opera en la digitalización completa de la manufactura.Los espectaculares incrementos en la productividad, que han permitido que las empresas produzcan más bienes y servicios, coinciden de hecho con la desaparición de puestos de trabajo.Quien predijo esta tendencia en 1995 fue el sociólogo norteamericano Jeremy Rifkin, autor de "El fin del trabajo. Nuevas tecnologías contra puestos de trabajo: nacimiento de una nueva era", un libro que se constituyó en un best seller.Allí se plantea que el fin del trabajo es algo inevitable, en razón de la globalización y de las nuevas tecnologías. Esto trae aparejado un alto desempleo estructural que desafía la gobernabilidad de las sociedades.Rifkin cree que tarde o temprano habrá que tomar medidas más allá de la tradicional flexibilidad laboral, como la inexorable reducción de la jornada laboral como mecanismo para el reparto del trabajo.Además sugiere la potenciación de la economía social o tercer sector (distinto del Estado y del mercado que genere nuevos empleos y una nueva economía) además de poner en marcha la renta básica.A todo esto, la robótica viene creciendo a pasos agigantados. Un estudio de la Universidad de Oxford, difundido hace poco, prevé que en los próximos veinte años, el 47% de los puestos desempeñados por los seres humanos habrá de desaparecer y será reemplazado por robots.Japón es uno de los países que lidera esta tendencia. No hace mucho un artículo daba cuenta que el país asiático "reemplaza mano de obra 'envejecida' por humanoides", y contaba el caso de 'Ubiko', un robot adaptado a las empresas o escuelas que busquen un guía, una azafata o un vigilante.A Ubiko se lo promociona diciendo que ayuda a prevenir las peleas y los abusos dentro de la escuela, un problema cada vez más preocupante en Japón. Además, se dice, es un trabajador siempre alerta y dispuesto a hacer cualquier tarea.El reemplazo de seres humanos por máquinas, en suma, es una tendencia creciente que revela cambios drásticos en la economía.
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