Una generación que es llevada a intoxicarse
Quien haya leído la entrevista al doctor Hugo Miguez, aparecida ayer en este diario, caerá en la cuenta de los poderosos factores económicos detrás de la alcoholización juvenil. Siguiendo el razonamiento de este especialista en salud mental, e investigador del Conicet, es posible deducir la primacía de los intereses mercantiles, cuya influencia es capaz de modificar los patrones culturales de una generación.El mercado, o los actores que intervienen en él, serían los generadores de un cambio de conducta individual y colectiva respecto de la bebida, con vastas implicaciones culturales.Según la tesis del especialista, en virtud de los vendedores, el alcohol se liberó de determinadas pautas sociales, y empezó a ser tomado, sobre todo entre los más jóvenes, como una sustancia que altera la mente y la conducta.Una cosa es la cultura mediterránea -con la que los argentinos nos hemos identificado histórica y socialmente- donde la bebida participa dentro de la alimentación y el intercambio social.En ese contexto, el consumo era diario, cotidiano, reglado por la convivencia. Y la ingesta de alcohol algo asociado al gusto y al disfrute. Se enmarcaba dentro un universo simbólico donde la ebriedad, específicamente, era penalizada y castigada por el grupo social."Esta cultura mediterránea es la que ha cambiando en los últimos 30 años. Y aparece en su lugar lo que nosotros llamamos 'la cultura del fondo blanco', o del 'hacer fondo blanco', que es una cultura mucho más ligada al uso farmacológico del alcohol", sostiene Miguez.El concepto del consumo ha cambiado: "Una cosa es la participación de la bebida como una instancia de socialización y otra cosa es la búsqueda toxicológica del alcohol. Porque en realidad ahí el alcohol está funcionando exactamente como una droga. No se está apeteciendo la bebida por el gusto o el disfrute, sino simplemente por el efecto farmacológico que tiene sobre la conducta".Ahora el consumo es episódico: "Entonces hay grupos que no toman durante la semana, pero comienzan a tomar viernes, sábado y domingo, en un consumo claramente excesivo y abusivo. Es decir, el consumo comienza a asociarse especialmente a lo que es la intoxicación".Hoy el consumidor lo que está buscando es alcanzar la ebriedad. Ebriedad que es sancionada en la cultura mediterránea. "Porque si alguien en una mesa familiar toma más de la cuenta, en realidad es objeto de censura y de castigo social", razona el especialista.El cambio es de tal magnitud que hoy se asiste a una baja importante de la edad de iniciación, toda vez que no escandaliza ver a menores de 18 años ingiriendo bebidas alcohólicas.En tanto, que se asiste paralelamente a la introducción del tema del género dentro del alcohol. Es decir, se incorpora la mujer fuertemente a lo que tiene que ver con la alcoholización.Se trata, de última, de una estrategia de mercado iniciada en Argentina 20 años atrás. En ese entonces, cuenta Miguez, el director de una importante productora de cerveza de Argentina, dijo por los diarios que el 'target', o sea, el mercado al cual estaban apuntando, era al de los adolescentes de 14 años.Lo sorprendente, y a la vez preocupante, es el hecho de que esa noticia pasara sin más, entre tantas, "cuando realmente debiera haber corrido un sudor helado entre todos nosotros", indicó.La explicación del especialista tiene la virtud de poner sobre el tapete la tremenda influencia de los intereses mercantiles en este tema. Y según la cual, por motivos de dinero, la generación más joven está siendo arrastrada a la intoxicación.
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