Una generación que lidia con el bostezo
En vastos sectores de la sociedad occidental el aburrimiento se expande como una enfermedad venérea. Al punto que hay quienes, al pensar en la juventud, hablan de la "generación del bostezo". Nunca ninguna civilización ha puesto tanto empeño y energía en la industria del entretenimiento, según reconoce el escritor Mario Vargas Llosa, al hacer un diagnóstico del siglo.¿No será ello la manera que en que nuestra época busca derrotar el tedio, de suerte que la diversión es la contracara exacta de esa antiquísima afición del alma, que ha ocupado la atención de filósofos y moralistas?Ciudades como Las Vegas, por ejemplo, devenidas en epicentro de la diversión (casino y juerga infinita) se levantan contra el aburrimiento. Aunque pueden ser vistas, también, como una sublimación del hastío mediante el frenesí y la aceleración.El escritor mexicano Luigi Amara, en un ensayo sobre el tema, ha llegado a la conclusión de que "la ansiosa batalla que se libra en todos los rincones contra el aburrimiento es la mejor prueba de su apogeo".Plantea como hipótesis que el ser humano, hasta hace no mucho llamado a vivir un máximo de 40 años, quizá psicológicamente se ve impelido a lidiar con más fuerza con ese extra de tiempo del que ahora disfrutamosEs conocida la tesis según la cual el cambio histórico de las últimas décadas ha producido una sociedad sin valores, incapaz de dar certezas o seguridades que protejan.Sobre todo se trataría de una sociedad que no proyecta sentido de futuro, ni despierta ilusiones, ni provoca sueños, y más bien tiende a estar anestesiada por un consumo ilimitado.Sin grandes cosas para hacer, o importantes empresas por realizar, probablemente nunca en la historia del mundo tantas personas se aburran tanto."La necesidad y la privación engendran dolor; en cambio, el bienestar y la abundancia hacen brotar el tedio", escribió Arthur Schopenhauer, al cual no se le escapaba la consecuencia sociológica de su afirmación.En efecto, para el filósofo alemán mientras las clases pobres de la población están ocupadas en escaparle al dolor de la miseria, quienes viven en una situación material holgada están empeñados en una "lucha permanente y a veces desesperante contra el tedio".Desde este punto de vista, se entendería que un campesino del siglo XVIII, afanado todo el día por cubrir necesidades vitales como comer, tendría pocos motivos para aburrirse.Pero eso no ocurriría en vastos sectores de la sociedad del siglo XXI, que parecen tenerlo todo y cuyo mayor dilema pasaría por cómo "matar el tiempo".En este contexto se ha incubado el concepto de "generación del bostezo" para describir a una juventud sin muchas ambiciones, salvo la de instalarse cómodamente en el presente, persiguiendo gustos anodinos y una existencia confortable.Para alguna gente se trata de una verdadera enfermedad espiritual que aqueja a los que, por su edad, deberían sin embargo derrochar idealismo y vitalidad. "Me abruman los jóvenes con los que trabajo", se queja la periodista colombiana María Elvira Bonilla, a través del diario 'El País' de España."Todos ellos que en la lógica de la vida deberían exhalar energía, entusiasmo, fuerza, compromiso. Pero no, les puede la abulia, una abulia que contagia y paraliza (...) Viven en contravía a la vitalidad idealista que suele caracterizar los 20, los 30 años", refiere.El tedio, en suma, parece ser una enfermedad del siglo XXI, cuya mayor paradoja quizá sea que afecte más a los jóvenes que a los adultos.
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