Una luz que ilumine el futuro
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Por encima de las contingencias circunstanciales y al margen de los escrutinios, los argentinos estamos obligados a pensar en problemas que debemos resolver entre todos. El de la crisis de la educación es insoslayable y urgente. Mario Alarcón Muñiz Esta noche, a más tardar durante la madrugada próxima, comenzará otra etapa de la vida argentina. Cualquiera sea el resultado del ballottage, el panorama presentará variantes, según el pronóstico que comparte la mayoría de los observadores políticos. Entonces habrá llegado el momento de plantear, estudiar y resolver, sobre un escenario diferente del actual, varios de los problemas que con mayor intensidad nos afectan, agravados en los últimos tiempos a raíz de motivos diversos.Uno de ellos, de enorme gravitación en el presente y el futuro, es el de la educación. La Argentina, otrora líder en calidad educativa, acusa hoy un retroceso notable. Es posible comprobarlo a través de las pruebas internacionales de evaluación y de los estudios de pedagogos e investigadores; pero aún sin conocimientos específicos, los adultos estamos en condiciones de intentar nuestra experiencia mediante una simple conversación sobre el tema con actuales educandos y el recuerdo de nuestro paso por la escuela. Así de simple. Una tarea titánica "Sólo se progresa educando", afirmaban nuestros mayores. Y con esa convicción emprendieron en el último cuarto del siglo XIX una tarea titánica con el objetivo de alfabetizar al pueblo. Por entonces la gran mayoría era analfabeta. La educación se limitaba a las ciudades y dentro de ellas a los sectores de mejores condiciones económicas.La conducción nacional de aquél tiempo, tan cuestionada en otros aspectos -y con buenas razones-, logró un salto hacia el futuro, afirmada en sus políticas educativas. En poco tiempo "consiguió que un pueblo abrumado de analfabetos comenzara a estudiar. La escuela argentina se convirtió en el motor ardiente del progreso, la armonía social, el anhelo de crecer, la vitamina de la creatividad, la constructora del civismo, la orientadora de conductas y el tonificante de la moral", valoró Marcos Aguinis, estudioso del tema.A principios del siglo XX el avance era notable y años más tarde la educación argentina ya figuraba entre las más adelantadas y efectivas del mundo.De manera simultánea creció y se afianzó la educación en Entre Ríos. Por los años '30 y '40 del último siglo a esta provincia la distinguían su organización educativa y el nivel de sus programas, además de la eficiencia demostrada, según los estudiosos del tema. En buena medida era el resultado del plan diseñado a principios de ese siglo por Manuel Antequeda, pilar de la educación entrerriana, cuyas ideas respetaron y llevaron a la práctica gobiernos de distinto signo político. Entendían que no se trataba de pujas partidarias, sino de una cuestión de fondo. De ahí el avance. El reproceso posterior Es difícil determinar cuándo y por qué se inició el deterioro. Siempre se habló de la educación como una prioridad y es probable que ningún gobierno le haya mezquinado fondos. Pero se perdió la calidad. Esto es evidente.El libro "Otra escuela para el futuro", publicado hace un par de años por el estudioso Alieto Guadagni, señala con claridad un nuevo camino. "El poder, la riqueza y la fuerza de una nación dependen de la capacidad industrial, moral e intelectual de los individuos que la componen. Y la educación pública no debe tener otro fin que el de aumentar estas fuerzas", sostiene Guadagni.Sin embargo, en las décadas recientes apunta para otro lado. Y lo peor es que no se observan intenciones de corregir el rumbo. Se apuesta al facilismo, la promoción sin mayores exigencias, la vista gorda y encima se miente. Los 180 días de clases (en Entre Ríos 190) no se cumplen ni de lejos. Entre días institucionales, paros, asambleas, escuelas que se llueven y edificios inapropiados o en malas condiciones, ese saludable objetivo se acerca a la utopía. Nunca se ha alcanzado.También están muy lejos de efectivizarse las escuelas de jornada completa. Las que funcionan son muy escasas y no alcanzan a mostrar una política de estado. En todo caso sirven para la propaganda,Los especialistas señalan a los contenidos de la enseñanza como uno de los problemas principales, porque "resultan poco significativos para los alumnos". Añaden que "hay escasa relación de los planes y programas con las necesidades socioeconómicas y culturales del mundo actual", vale decir con la realidad.La formación y capacitación del docente es otro de los problemas serios, al que se añade la desvalorización de su tarea a partir de salarios insuficientes.Las observaciones no excluyen la desvinculación de la escuela con el mundo del trabajo, una cuestión elemental que se ha perdido en la neblina del tiempo. En los últimos puestosSostener que la educación argentina está en retroceso, no es caprichoso. Lo demuestran las pruebas PISA (Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes), de las que participan cada trienio estudiantes de 15 años de 65 países. Se trata de pruebas de lectura, matemáticas y ciencias naturales en las que se mide "la capacidad de los jóvenes de entender y resolver problemas auténticos a partir de la aplicación de conocimientos", según explica la organización.La primera prueba se realizó en 2000 y la Argentina se ubicó en el 37° lugar. La siguiente medición fue en 2006 obteniendo nuestro país el puesto 53°. En 2009 logró el lugar 58°. La evaluación de 2012 ubicó a la Argentina en el 59° puesto. De la correspondiente a 2015 los resultados se conocerán el año entrante.En casi todas las mediciones Finlandia aparece en primer lugar. También figuran con buenos resultados Alemania, Japón, Corea del Sur y Nueva Zelanda. Se trata de países con importantes niveles de desarrollo. Busquemos entonces entre nosotros.Las pruebas PISA circunscriptas a América latina, ubicaron a la Argentina en el primer lugar en 2000 para retroceder en lo sucesivo: 6° (2006), 7° (2009) y 6° (2012). En estas tres últimas mediciones Chile figura al frente.De lo que no se duda es de la necesidad de afrontar el problema con decisión, claridad ypatriotismo, cualquiera sea la opinión de las urnas en esta jornada. Buscamos una luz para iluminar el futuro. Eso está muy por encima de las disputas circunstanciales.
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