Una moneda de un billón de dólares
Para evitar el deffault y la parálisis total del gobierno norteamericano, se escucha cada vez más la petición para que el Tesoro acuñe una moneda por valor de un billón de dólares, que se depositaría en la Reserva Federal como garantía de una nueva emisión (y van....), lo que daría nueva liquidez, por un tiempo limitado a la Administración política de ese país, con la garantía de este recurso extraordinario.El influyente economista Paul Krugman, lidera un conjunto de opiniones que defienden este instrumento.Estados Unidos enfrenta una situación terminal: su deuda federal roza el tope máximo legal establecido por el Congreso de ese país.El límite actual para el endeudamiento público está fijado en la fabulosa cifra de 16 billones de dólares, y por el déficit crónico de su economía, este monto se superará entre mediados de febrero y mediados de marzo.Como hace varias décadas abandonó la convertibilidad, el Tesoro del país del Norte tiene autoridad legal para poner el valor nominal que quiera a su moneda. Esto ha llevado a la economía a global a disponer, por la emisión abusiva y descontrolada de los verdes billetes, activos financieros constantes y sonantes en dólares como para comprar mas de tres veces todos los bienes transables que se ofrecen a valor de mercado en todo el planeta.Los republicanos, o sea los conservadores, se oponen a estas medidas económicas y reclaman ajustes fiscales con reducción del gasto, aunque no consideran en ésta la reducción de los gastos militares, eufemísticamente llamados "de defensa".De hecho, y solo a modo de ejemplo, el Congreso acaba de aprobar una partida para financiar el retiro de las tropas en Afganistán, equivalente al PIB de Argentina de un año. Cifra que obviamente surge de la emisión sin respaldo de la cada vez más inconsistente moneda de ese país.Los analistas miran azorados este desequilibrio que está llevando a la economía global a un callejón sin salida que termina en un precipicio sin fondo y nuevamente comienzan a escucharse rumores de la posibilidad de un cambio de moneda.Los principales países industrializados del globo sostienen su actividad productiva y por ende sus economías, gracias a la demanda de EEUU que consume el 30% de todo lo que se produce en el globo, si este país deja de comprar sus economías se derrumbarían inmediatamente, situación que obviamente los llena de zozobra.Si de la noche a la mañana el país del norte cambia su denominación monetaria, por ejemplo de dólares a águilas ¿?, podría cambiar uno a uno, a sus ciudadanos, la vieja por la nueva moneda, pero a los tenedores extranjeros someterlos a un plan de convertibilidad de por ejemplo 20 años, a razón de 5% por año, una vez acreditadas las tenencias, lo que permitiría entre otras cosas una desaparición inmediata de una parte sustantiva de estos activos que son acumulados por especuladores de todos los países como medio de evadir impuestos locales.Este escenario suena disparatado, tan disparatado como sonaba el deffault argentino antes de ocurrir y sin embargo llegó. O tan disparatado como suena pensar que se pueda acuñar una moneda de un billón de dólares.*Economista
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