Una ocasión para viajar con los libros
El receso invernal, con sus días de ocio, puede ser una ocasión dorada para contagiarse de la lectura. Para viajar con la imaginación a mundos maravillosos.Las vacaciones que en sí mismas suponen un espacio de disponibilidad para el ocio pueden ser "llenadas" con infinidad de actividades. Como paseos al aire libre, la práctica de deportes, la recorrida frenética por lugares turísticos, la puesta en marcha de una agenda de espectáculos a consumir.Hay toda una gama de actividades disponibles que nos garantiza poder darle significado al descanso laboral y escolar. Se sabe, además, que la inactividad debe lidiar con un demonio: el aburrimiento.Pero este es un tiempo que ofrece también la posibilidad de un encuentro excepcional con un libro, de esos que transforman de súbito el corazón y la mente de las personas, de esos que pueden implicar un viaje al interior de uno mismo.El escritor Jorge Luis Borges le daba una importancia vital a la lectura, al señalar: "Que otros se jacten de las páginas que han escrito; a mí me enorgullecen las que he leído".Si las vacaciones son sinónimo de viaje, la escritora norteamericana Emily Dickinson nos recuerda justamente que "para viajar lejos, no hay mejor nave que un libro".Este receso invernal puede ser la oportunidad para que aquellos niños o adolescentes remisos a las letras se amiguen con este artefacto cultural, dejándose llevar por el puro impulso de la curiosidad intelectualAsociada a la práctica escolar, al "tenés que leer" como repiten padres y maestros, en un tono imperativo y burocrático, la lectura entre los jóvenes no se asocia al placer, y probablemente por eso no goza de predicamento entre ellos.Pues bien, estas semanas ofrecen una oportunidad para romper con este concepto sobre los libros. Se diría que crean las condiciones ideales para adentrarse en ellos, pero desde otro lugar más placentero.Los padres deberían captar la importancia de esta chance. Si de lo que se trata es de matar el aburrimiento, nada mejor que sentarse a leer junto a sus hijos.Sería bueno poder aprovechar este tiempo para alentar las ganas de conocimiento y de entretenimiento que todos tenemos -chicos y grandes- sumergiéndonos en el mundo mágico de la lectura.Se trata de sugerir o seducir, no ya de imponer u ordenar. Aunque parezca exagerado, en estos días puede darse ese milagro que tanto esperan algunos padres en cuanto a la iniciación lectora de sus hijosHay libros para todos los gustos. Cualquiera de ellos puede movilizar el espíritu, o sacudir la intimidad. Sobre todo de aquel chico que hasta aquí ve un conjunto de letras y sale corriendo.Si hay biblioteca en casa, mejor. Generar actividad alrededor de ella puede crear la mejor atmósfera para despertar las ganas de compartir la lectura. Un nuevo mundo se puede abrir, se puede descubrir, viajando a través de las páginas de un texto y sentado cómodamente.¿Por qué no legar esta experiencia extraordinaria a nuestros hijos? ¿Acaso no es uno de los mejores regalos que podemos hacerles? ¿No nos agradecerán, más adelante, que les hayamos confiado este tesoro?Hay que buscar la manera, en este sentido, de salirle al cruce a los videojuegos o a las atractivas propuestas digitales, que atrapan tanto a los más chicos. Se sabe que son competidores rudos de la lectura.Pero nada es imposible. Y de hecho no se trata de crear un antagonismo entre estos medios. El libro debería aparecer, en el conjunto de la oferta, con atractivo propio.A veces no es necesario contratar una agencia de viajes para acometer una travesía placentera. Un buen libro nos puede deparar una travesía aún más maravillosa.
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