Una oportunidad para proyectar Gualeguaychú
La decisión del gobierno municipal de abrir la discusión en torno a un plan urbano, va en línea con la imperiosa necesidad de proyectar la ciudad para los próximos años.En 2008, bajo el título "¿Quo vadis Gualeguaychú?", tras repasar los principales logros históricos de esta comunidad, producto de su genio emprendedor, desde esta columna nos preguntábamos si ella tenía claras sus metas."Da toda la sensación de que debiéramos recuperar la capacidad de soñar y de proyectar, que ha sido característica de esta comunidad. ¿Acaso la ciudad está dormida en sus laureles? ¿Los problemas de la coyuntura nos impiden mirar el largo plazo?", decíamos.Por eso nos entusiasmamos con la convocatoria a discutir una Carta Orgánica. Porque veíamos en ella el espacio ideal para pensar el futuro. Y esto al margen de que la agenda involucraba el perfil de Estado municipal.Al caerse el proyecto de la Carta Orgánica -digamos que por razones bastante espúreas- es como que la ciudad se quedó sin el marco institucional para concertar políticas de largo plazo.Al parecer la administración Bahillo ha comprendido que, más allá de ese intento fallido, hay debates que no se pueden postergar más, y uno de ellos involucra la planificación urbana.De ahí que ha abierto la discusión en este frente, a través de una convocatoria a sectores de la sociedad civil, con el objeto de encontrar consensos. Algo que parece pertinente, a juzgar por la visión compartida de que no se puede avanzar, en materia de urbanización, sin una hoja de ruta.Desde distintos ámbitos se venía escuchando el mismo diagnóstico: la ciudad no crece como "debe" sino como "puede". Y a veces ni siquiera puede, como queda evidente ante la inquietante aparición de los asentamientos en la periferia.La sensación que existe es que si la ciudad no planifica ya su desarrollo urbano, la dinámica de los acontecimientos, librados a su propia lógica, creará situaciones anómalas de hecho, en sí mismas luego incorregibles.En este sentido, la peor estrategia es no tener estrategia. En otros órdenes de la vida, a veces es prudente dejar las cosas como están, a la espera de una ocasión mejor para actuar.Pero éste no parece ser el caso. De hecho lo que se va a hacer ahora, debió haberse hecho mucho antes. Es decir, es probable que se esté llegando tarde en muchos sentidos, y no sabemos si esta desidia ha causado daños irreversibles.Cuando se habla de planificación se habla de tener una visión integral de un problema. Sin esta macro-cognición, en el caso de una ciudad, es difícil gobernar.Para ser sinceros, cuesta imaginar que se quiera gobernar Gualeguaychú -una ciudad cada vez más grande y compleja- sin un plan urbano-ambiental. Es decir, sin un modelo o paradigma que contenga las grandes líneas directrices del desarrollo.¿Acaso la clase política local está en deuda en este sentido? Es muy probable. Aunque la iniciativa planteada por el actual gobierno es una ocasión para que la política se concilie con la "dimensión arquitectónica" que la justifica éticamente.Algo parece evidente: ya no se puede improvisar más. Esto de aspirar al poder para después no saber qué hacer con él, y sólo conformarse con administrar la urgencia, como quien administra la decadencia, es la peor receta imaginable.Quienes saben de temas urbanos dicen que Gualeguaychú está en un punto de inflexión. O toma las riendas de la situación -ajustando el quehacer de la ciudad a un proyecto de largo aliento- o se deja estar, corriendo el riesgo de que el azar configure su destino.Se nos ocurre que la primera opción está más a tono con el talante de esta comunidad.
ESTE CONTENIDO COMPLETO ES SOLO PARA SUSCRIPTORES
ACCEDÉ A ESTE Y A TODOS LOS CONTENIDOS EXCLUSIVOSSuscribite y empezá a disfrutar de todos los beneficios
Este contenido no está abierto a comentarios

