SEÑALES DE ÉPOCA
Una pelea que puede marcar un antes y un después
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El cruce entre el Presidente y el líder de Techint va más allá de una licitación perdida: plantea interrogantes sobre el rol del empresariado y el rumbo del poder económico en la Argentina de Milei.
La pelea del empresario más importante del país con el Presidente de la Nación alumbra algo nuevo. Paolo Rocca es el mandamás de Techint, la multinacional más grande de la Argentina con intereses en todo el mundo en un área estratégica como es la del acero. Aunque no represente exactamente el perfil del empresario local, se le acerca bastante.
El motivo de la disputa es sencillo. Una licitación internacional convocada por un consorcio de empresas para abastecer de caños un recorrido que sale desde Vaca Muerta. ¿El monto? Alrededor de 300 millones de dólares. El consorcio, en el cual entre sus integrantes está YPF, dictaminó que la ganadora es una empresa india que ofertó casi un 40% menos que Techint. Una diferencia grande para una licitación de esa magnitud.
Rocca no se quedó quieto. Sabiendo perdida la licitación hicieron una propuesta final que ofrecía empardar la india, pero fue rechazada por estar fuera de término. Algo extraño porque si estaban en condiciones de hacer eso, la pregunta es por qué no lo hicieron antes. Lo cierto es que la multinacional local se quedó afuera del negocio, lo que provocó la ira de Rocca y de la compañía. Fue tanta la bronca que denunciaron dumping y competencia desleal, quedando la resolución del entuerto en manos de la Corte Suprema.
¿La reacción del Gobierno? Volvió el viejo Milei, ese que dominaba antes de las elecciones del año pasado. El apodo que le puso a Rocca lo demuestra: “Don Chatarrín de los tubitos caros”, lo catalogó, precediendo una catarata de consideraciones críticas, sin olvidarse de los periodistas claro. El Milei de siempre, ahora larvado por el consejo de los asesores, volvió para recordarnos cuál es su estilo. Claro que el adversario no viene de la política, ni del sindicalismo, sino del empresariado y forma parte de su flor y nata.
No es el primer cruce que el Presidente tiene con los señores de nuestra industria. Y tampoco es el primero. Claro que no en los términos actuales, bien libertarios, donde la polémica suele desbarrancar y las descalificaciones están a la orden del día. El empresariado siempre miró de reojo a Milei, nunca lo digirió del todo. En los hechos y a la luz, somos todos partidarios del libre mercado, pero cuando entramos en el terreno de la competencia real aparecen las dudas. No es la primera vez que se dice: Argentina nunca pudo a lo largo de los últimos setenta años formar una clase empresarial similar o parecida a la brasileña que ha sabido crear una estructura productiva e industrial pujante, que no vive del Estado o de sus prebendas.
Muchos empresarios argentinos se acostumbraron a recorrer más los pasillos de los despachos de los funcionarios antes que sus propias fábricas. ¿Es sólo falencia de ellos? Seguramente no, pero es la peor cara del problema. Esa dependencia permanente terminó por generar una relación tóxica que queda expuesta, como nunca antes, en la trama del caso de los cuadernos. Ahí queda plasmado el entramado que los Kirchner perfeccionaron, pero que nació mucho antes.
¿Por qué el consorcio de empresas tenía que pagar mucho más por tubos que el mercado los ofrece a un 40% menos? Por supuesto que Techint no se va a fundir ni va a desaparecer por perder esta licitación, pero es como si Boca se hubiera comido una goleada en La Bombonera. Rocca es de esa clase de empresarios que no le gusta perder a nada y Argentina es como el patio de su casa. Está acostumbrado a un tratamiento diferente de los gobiernos de turno, no importa su sesgo ideológico. La pelea se diluirá con el tiempo o recrudecerá, dependiendo del humor presidencial porque Rocca es cultor de un perfil bajo sin estridencias. Su poder lo hace sentir de otra manera.
Milei no elige rivales débiles. Fiel a su estilo no tiene problemas en polemizar con Lali o con Rocca. Sin embargo, esta disputa pública con el hombre de acero, tiene otros ribetes. Esconde quizás una nueva etapa de la relación entre los empresarios y el establishment oficial, a lo mejor el inicio de algo distinto, diferente, ni mejor ni peor, pero no emparentado con lo que existió hasta acá.
Al Presidente, más después de las elecciones, hay que sondearlo por lo que hace que por lo que dice. No hay nada nuevo bajo el sol en esto. Todos los gobiernos han construido su propio relato, desde Cristina a Macri, con suerte diferente. Milei es eficaz en esta tarea, reflejo de lo que hace su líder, Donald Trump, que no se cansa de correr la línea y descolocar a todo el mundo. Tiene sus riesgos esta estrategia: es como jugarse un pleno en el casino. Si sale, ganás todo; si perdés, quedás en la lona. La pelea con Rocca tiene otro aroma. El comienzo de algo nuevo, real y no ficticio, o un estertor más de una relación tóxica que nunca favoreció a los argentinos. Salvo a unos pocos.

