Una residencia de ancianos que se ajusta a su estilo de vida
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La Colonia de Ancianos de San Antonio tiene dos peculiaridades: el hábitat de sus residentes es similar a aquel del cual provienen; y es una obra de misericordia de la Iglesia Evangélica del Río de la Plata (IERP).Marcelo Lorenzo La colonia es probablemente el proyecto social de mayor impacto de la Congregación Evangélica San Antonio, una comunidad de creyentes protestantes identificados en sus orígenes con los alemanes del Volga que arribaron a esta zona hacia fines del siglo XIX.Fundado en 1996 en esa aldea de inmigrantes, estrechamente vinculada a la vida rural, la residencia tuvo una doble inspiración. Una teológica, emanada del cuarto mandamiento bíblico, que exhorta honrar al padre y a la madre. Y otra social, que exigía ofrecer una respuesta original al problema de los ancianos de la comunidad.Eso explicó a EL DIA el pastor Delcio Kälsten, miembro de la congregación, quien recordó que 20 años atrás se instaló con fuerza en la aldea una temática que hoy es uno de los grandes retos sociales: qué hacer con los padres ancianos que no pueden valerse por sí mismos y que por distintas razones no pueden vivir en casa de sus hijos.La congregación, que es parte de la Iglesia Evangélica del Río de la Plata (IERP), decidió involucrarse de lleno en el tema y, junto con la comunidad, elaboraron una solución que, vista en perspectiva, no deja de ser creativa, toda vez que se ajusta a las necesidades de los abuelos.La idea primaria fue construir una casa de acogida que respetase el estilo de vida y la idiosincrasia de los mayores de una comunidad rural como la de la aldea San Antonio y otras de su tipo en la región."Uno tiene que situarse en el modo de vida de las familias del campo, que es gente cuyo hogar está integrado estrechamente al cultivo de la tierra y a la cría de animales", explicó el pastor¿Cómo hacer, entonces, para que la colonia fuese de alguna manera una prolongación de ese entorno originario, pensando en el bienestar de residentes que habían pasado toda su vida en el ámbito rural?No era aconsejable seguir por tanto la lógica institucional urbana del resto de las residencias, clínicas, hospitales y geriátricos, donde predomina el modelo de habitación típica de un internado.En lugar de eso, se pensó reproducir el hábitat original a través de departamentos, articulados con espacios comunes, donde los abuelos pudiesen incluso cuidar sus propias plantas y algunas mascotas.Los departamentos son de unos 27 metros cuadrados, compuestos por sala de estar, baño completo, dormitorio para 2 personas, kitchenette (pequeña cocina), galería y espacio para jardín. La cocina, el comedor comunitario y una sala de estar muy amplia están ubicados en un ala del edificio central.En los departamentos o casitas, que están estructurados para ser habitados por dos personas, pueden vivir matrimonios de ancianos o uno de ellos con algunos de sus hijos o dos amigos.De esta manera la Colonia de Ancianos de San Antonio, para cuya construcción ayudó en el inicio la Iglesia Evangélica de Alemania, tiene su propia impronta "personalista", para decirlo de algún modo, toda vez que la residencia para mayores se ajusta a la idiosincrasia de sus habitantes."La idea, en la medida de lo posible, es replicar lo que es vivir en su propia casa", apuntó Kälsten, sugiriendo que el modelo se aparta así de cualquier diseño que convalide hacinamiento.Pero la preservación del propio espacio, aclaró el pastor, se articula con el aspecto comunitario de la colonia, ya que la vida social de los ancianos es parte esencial de su cuidado, y se expresa en infinidad de actividades (reuniones, festejos, celebraciones religiosas, encuentros artísticos, y demás).De lo que se trata es de convivir con las otras personas mayores y al mismo tiempo seguir manteniendo los vínculos con los familiares. "La colonia en realidad es una ayuda a la familia misma, por la necesidad que pueden tener de cuidados especiales, sin que por ello se rompan las relaciones afectivas", explicó el pastor. Perfil social Kälsten resaltó el carácter "social" de esta institución al explicar que los residentes pagan una mensualidad de acuerdo a los gastos, cuyo importe es fijado por la Comisión Directiva de la Colonia de Ancianos."Sabemos que el factor económico en muy importante y que en muchos hogares se vive con angustia. Hay que pensar que una pensión o jubilación normal suele estar por debajo de lo que se necesitaría para alojarse en una residencia, donde los costos aumentan según la complejidad médica del paciente", sostuvo."Lo nuestro no es un emprendimiento comercial. La política es que lo que ingresa tiene que cubrir los gastos. Tengo que decir que la institución vive de la caridad de la comunidad. Una parte importante de las entradas monetarias se consiguen gracias a ofrendas y donaciones, y con el trabajo de un grupo de señoras que todas las semanas amasan kreppel y hacen ferias de platos", destacó.La Colonia de San Antonio es una obra de misericordia de la Iglesia Evangélica del Río de la Plata (IERP), una expresión del "compromiso social" de esa comunidad de creyentes cristianos.Sin embargo, la casa está abierta a todas las personas sin distinción de religión, credo u origen. "Esto fue así desde el comienzo -explicó el pastor-. El espectro de procedencia de los residentes es variado. Desde el punto de vista de las creencias y desde los lugares de origen. Hay protestantes y católicos, por ejemplo. Así como abuelos procedentes de Buenos Aires, Concepción del Uruguay, Gualeguaychú, Basavilbaso, entre otros sitios".Actualmente en la Colonia San Antonio residen 40 personas mayores, que son cuidadas por 20 personas entre profesionales de la salud, cocineras y personal de maestranza."La mitad de los abuelos de la institución, aproximadamente, no se vale por sí mismo y por tanto este grupo necesita toda la atención. Hay que levantarlos, bañarlos, cambiarlos, darles de comer", explicó Källsten, quien suele ir asiduamente al Asilo como parte de su tarea pastoral. Una mirada teológica al reto de la ancianidad El cuidado de los padres ancianos es una exigencia del cuarto mandamiento del Dios de la Biblia. "Honra a tu padre y a tu madre, para que se prolonguen tus días sobre la tierra que el Señor, tu Dios, te va a dar", se lee en el libro del Éxodo.Para la tradición judeocristiana allí reside el fundamento teológico de la doctrina social hacia las personas mayores. Es decir, la obligación para con los ancianos emana de una exigencia divina, más allá del vínculo afectivo que hay entre padres e hijos, y que hace que estos últimos se preocupen por el bienestar de sus progenitores.Según el pastor Källsten la calidad del trato que cada sociedad les da a los mayores expresa su calidad moral y humana. En su opinión, éste es uno de los grandes retos de la sociedad del siglo XXI, marcada por el individualismo y la pérdida de lazos familiares.Cree, en este sentido, que los valores de la Biblia son una respuesta al tema de la ancianidad, sobre todo frente a una cultura que tiende a marginar a las personas mayores porque han dejado de "producir" y por tanto son visualizadas como una "carga"."En nuestras comunidades tenemos que abrirnos con sensibilidad a los dilemas que plantea esta etapa de la vida, en un contexto donde se asiste desde hace tiempo a la crisis del sistema familiar tradicional, junto con las formas de vida que exige la sociedad moderna", destacó el pastor, al reivindicar la visión que tuvo en su momento su congregación, que pasó a la acción creando una colonia para ancianos en aldea San Antonio.Y añadió: "Esta problemática interpela a las familias, a la sociedad en general y también al Estado. En el caso las residencias para mayores, los hijos deben preguntarse ¿quiénes son las personas que están con mi mamá y mi papá? ¿Qué trato les dan? ¿Son idóneas en lo que hacen?".La otra gran cuestión es la responsabilidad del Estado en lo que hace a la fiscalización de las instituciones de acogida de ancianos. "Las preguntas en estos casos empiezan con los criterios de habilitación de estas residencias y el control periódico que debería existir sobre su funcionamiento", apuntó el entrevistado.Källsten comentó que la experiencia de la Colonia de San Antonio muestra las dos caras de las familias. Mucha de ellas están pendientes de sus abuelos y de sus padres, los visitan periódicamente y están preocupados porque no les falte nada."Pero hay otras, lamentablemente, que se ausentan por largo tiempo y muestran una actitud de indiferencia hacia los abuelos. Por ejemplo, hay veces que necesitamos la autorización de un familiar para determinadas intervenciones médicas fuera de la institución. Resulta que una vez tuvimos que acudir a un juez para que resuelva, porque no pudimos dar con ningún familiar", relató.Por último, el pastor explicó que desde la congregación y desde la Colonia son conscientes de la "tarea delicada" que implica cuidar a un anciano. "El amor con que se lo tiene que tratar, el respeto, el profesionalismo en la atención, son la base de todo", afirmó.
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