Una sociedad de brutos e ignorantes es más fácil de llevar de las narices
Sabiendo que el que pega primero pega dos veces, Macri dejó atrás el discurso conciliador de su primer año de gobierno y se metió de lleno en una campaña electoral que será clave para su gobierno y su propio futuro político. Jorge BarroetaveñaGolpeado por el escándalo del Correo y sin poder aún hacer sentir el mejoramiento macroeconómico en la vida real, se plantó ante el Congreso y marcó la cancha. Al menos en la que él quiere que se juegue este año.Hay una obsesión que persigue a Macri y es alimentada sistemáticamente por la oposición, K y no K: su parecido con Fernando De la Rúa. Al casi folklórico recuerdo del helicóptero, se suma la indiscreción que dejó al descubierto a Sergio Massa con el derrape del cálculo del ajuste jubilatorio. "Digan que es como De la Rúa que bajó las jubilaciones", pidió a través de un mensaje el líder del Frente Renovador. Demás está decir que Macri y De la Rúa no son lo mismo, pero la mera percepción de una comparación disgusta al Presidente. Se enmarca además en una subestimación, por su origen empresario, de la que Macri es objeto, desde que comenzó su carrera en Boca. Sin embargo, esta subestimación no va de la mano con los cadáveres políticos que el mandatario ya guarda en su placard. Cuando nadie lo creía, armó un 'partido vecinal' y se quedó con la Nación y los dos distritos más importantes. Para eso tuvo que ganarle al imbatible peronismo que, en el poder, multiplica su fuerza e influencia en la sociedad. Claro, alguien llamado Cristina Kirchner hizo mucho para eso, pero había que estar en el momento y el lugar indicados para quedarse con el premio mayor. Si hasta el famoso 'Círculo Rojo' pedía una alianza con Massa. Empecinado, Macri se cerró y terminó por conseguir su objetivo.Está claro que Macri no es De la Rúa, por eso el miércoles, cada párrafo de su discurso estuvo enfocado en reafirmar lo que hizo y volver al tono de campaña que tuvo en el 2015. Para eso necesita un aliado clave, vital, como es el kirchnerismo. Y en su rol, los 'K' están plenamente dispuestos a asumir ese desafío. El resto, como sucedió en el recinto, apenas contempla. Massa que lucha contra sus propios fantasmas y el peronismo no K que no encuentra alguien que lo conduzca hacia la tierra prometida donde la influencia de Cristina sea una utopía.Sin nombrarla una sola vez, todos sabían que hablaba de ella. No fue necesario. Será por eso también que en los últimos días creció la posibilidad que Elisa Carrió sea finalmente la elegida para dar batalla en territorio bonaerense. Pese a que todos se aferran a la tabla salvadora de María Eugenia Vidal, la gobernadora no es candidata ni puede serlo. Y nadie se atreve a aseverar que con su sola figura alcanza para ganar una elección clave en un distrito crucial. Surge pues, sola, la figura de Carrió. ¿Quién mejor que ella para enfrentar a Cristina? Su contracara, la mujer que ha hecho de la corrupción kirchnerista una bandera. La 'loca' que terminó teniendo razón cuando la mayoría se callaba, por miedo o por plata. Si la mitad la admira, la otra le tiene miedo. Pero Carrió deberá pelear con el círculo íntimo del Presidente que le aconseja no llevarla en la Provincia. Le tienen miedo a su carácter imprevisible, y a que, con una sola palabra, haga desbarrancar toda la estrategia oficial. También dependerá al cabo de si Cristina es o no candidata y cuánto de sangre tenga una eventual interna peronista. No es lo mismo enfrentar a Randazzo que a Julián Domínguez o a la propia ex presidenta. Ese baile 'pejotista' es el que le marca los tiempos a Cambiemos.El martes, el día que los tribunales de Comodoro Py vuelvan a ocuparse de las causas judiciales del anterior gobierno, la CGT hará una marcha de protesta. En rigor, la segunda importante desde que Macri llegó a la Presidencia. Dicen anunciarán un paro general con fecha que todavía no se ha determinado. Los docentes, ese día, vayan quizás por su segundo día de paro. E irán por cinco en muchas provincias, como en el caso de Entre Ríos.Cambian los gobiernos y la caras pero los problemas no. Los viejos problemas que arrastra la política dirigencial argentina se mantienen incólumes. No se trata de buscar víctimas porque en este debate estéril e inútil de todos los años, los que más pierden son los que menos instrumentos tienen para defenderse: los chicos. Los grandes, nosotros los padres, los que gobiernan y los sindicatos son los responsables. El paro como herramienta de protesta ya no sirve. La educación pública se sigue deteriorando ante la educación privada y no hay nada que haga más desigual a una sociedad. Lo único que garantiza que un chico pobre tenga las mismas posibilidades en la vida que un chico rico es la educación. Es lo único que los coloca en la misma línea de partida. Seguimos recorriendo el camino inverso. Será por aquello que una sociedad de brutos e ignorantes es más fácil de llevar de las narices.
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