Opinion |

Una Tierra que habla, grita y llora

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Paisaje

Vivimos en un Planeta, un Universo, que es mucho más que un conjunto de elementos inanimados, salvo la humanidad, claro.

Por monseñor Jorge Eduardo Lozano

Por eso San Pablo, al escribir acerca de la Pascua nos enseña que “toda la creación espera ansiosamente esta revelación de los hijos de Dios” (Rm 8, 19); y sigue diciendo: “Porque también la creación será liberada de la esclavitud de la corrupción para participar de la gloriosa libertad de los hijos de Dios. Sabemos que la creación entera, hasta el presente, gime y sufre dolores de parto. Y no sólo ella: también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos interiormente anhelando que se realice la redención de nuestro cuerpo” (Rm 8, 21-23). La creación entera, junto con nosotros, está llamada también a ser plenificada por la redención de la Pascua de Cristo.

El Papa, en la encíclica Laudato Si’ ──sobre el cuidado de la casa común── nos recuerda que “para la tradición judío-cristiana, decir «creación» es más que decir naturaleza, porque tiene que ver con un proyecto del amor de Dios donde cada criatura tiene un valor y un significado” (LS 76). Esta mirada cuestiona seriamente tanto el azar en el origen del universo como la prepotencia en el trato con la creación.

El azar es descartado porque nos habla de un plan que surge del amor de Dios. El Universo no es producto de una desgracia atómica o arbitraria combinación de partículas. Dios elige comunicar vida y llamar a la existencia a todas las creaturas y a cada ser humano.

Por ser un plan de amor también cuestiona la preponderancia y el abuso en la producción de bienes para la humanidad.

De este modo se aleja tanto de una concepción “animista” o panteísta como de otra puramente “materialista” e instrumental.

Debido a esto el Papa vuelve a proponernos meditar y aprender del “Cantico de las Criaturas” de San Francisco de Asís, quien “en ese hermoso cántico nos recordaba que nuestra casa común es también como una hermana, con la cual compartimos la existencia, y como una madre bella que nos acoge entre sus brazos: «Alabado seas, mi Señor, por la hermana nuestra madre tierra, la cual nos sustenta, y gobierna y produce diversos frutos con coloridas flores y hierba»” (LS 1).

Necesitamos promover un trato amigable con el Planeta, que asegure a las próximas generaciones gozar de los mismos bienes que disponemos nosotros.

En el último siglo la humanidad ha tenido una conducta agresiva y depredadora con el mundo. Por eso Francisco insiste en que “hoy no podemos dejar de reconocer que un verdadero planteo ecológico se convierte siempre en un planteo social, que debe integrar la justicia en las discusiones sobre el ambiente, para escuchar tanto el clamor de la tierra como el clamor de los pobres” (LS 49).

Jesús tuvo una actitud contemplativa hacia su entorno. En su predicación nos habla por medio de parábolas en las cuales aparecen los lirios de los campos, el trigo, el sembrador, las semillas, el agua, las ovejas, los campos, los trabajadores en la cosecha... Todo es bueno para enseñarnos acerca del amor de Dios. En el Catecismo de la Iglesia se expresa que “antes de revelarse al hombre en palabras de verdad, Dios se revela a él, mediante el lenguaje universal de la Creación” (CEC 2500).

Tengamos un trato cuidadoso con la fragilidad del Planeta. No es indestructible. Podemos ocasionar daños irreparables. De hecho algunas especies se han perdido y otras están en serio riesgo. Cuidemos la casa de todos.

Hoy se realiza en la ciudad de Gualeguaychú la marcha ciudadana para expresar el compromiso con el cuidado del ambiente. Pastores de diversas confesiones religiosas hacemos una oración para crecer en la conciencia del cuidado del hermoso regalo de Dios.

Y también hoy se celebra la Jornada Mundial de las Comunicaciones, única jornada mundial establecida por el Concilio Vaticano II. El lema de este año es “Comunicación y Misericordia: un encuentro fecundo”. Francisco nos hace visible la entrañable relación que existe entre ambos temas: “La Iglesia, unida a Cristo, encarnación viva de Dios Misericordioso, está llamada a vivir la misericordia como rasgo distintivo de todo su ser y actuar. Lo que decimos y cómo lo decimos, cada palabra y cada gesto debería expresar la compasión, la ternura y el perdón de Dios para con todos. El amor, por su naturaleza, es comunicación, lleva a la apertura, no al aislamiento”. Nos resalta que “como hijos de Dios estamos llamados a comunicar con todos, sin exclusión. En particular, es característico del lenguaje y de las acciones de la Iglesia transmitir misericordia, para tocar el corazón de las personas y sostenerlas en el camino hacia la plenitud de la vida, que Jesucristo, enviado por el Padre, ha venido a traer a todos”. Debemos darle valor a lo que decimos y cómo lo decimos desde nuestro ser cristiano; cuánto más quienes desempeñan su vocación en medios de comunicación relevando noticias que de un modo u otro involucran personas, historias, pueblos. El Papa vuelve una vez más a que “la comunicación tiene el poder de crear puentes, de favorecer el encuentro y la inclusión, enriqueciendo de este modo la sociedad. Es hermoso ver  personas que se afanan en elegir con cuidado las palabras y los gestos para superar las incomprensiones, curar la memoria herida y construir paz y armonía. (…) Y esto es posible tanto en el mundo físico como en el digital. (…) El encuentro entre la comunicación y la misericordia es fecundo en la medida en que genera una proximidad que se hace cargo, cónsulela, cura, acompaña y celebra”.

 

Los invito a leer el documento completo en: http://w2.vatican.va/content/francesco/es/messages/communications/documents/papa-francesco_20160124_messaggio-comunicazioni-sociali.html

Hoy celebramos el día de la Virgen de Luján, Patrona de nuestra Patria. Que Ella nos cuide con ternura.

 

*Obispo de Gualeguaychú y presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social

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