Universidad pública: la promesa incumplida
¿Está la universidad pública, la que pagamos todos, al servicio del país? ¿Produce el conocimiento científico para su desarrollo? ¿Es igualitaria, de suerte que asisten a ella los que no tienen recursos? El tema de la universidad suele estar ajeno del debate público en la Argentina. Se diría que es una discusión que está reservada a una minoría ilustrada.Como sea, en los países serios la producción de inteligencia es un insumo estratégico. De hecho no existen países económicamente exitosos cuyas universidades no impartan enseñanza de calidad.En Argentina el 85% de los estudiantes universitarios asiste al sistema público. ¿Cumple la institución el rol para el que fue creada? A decir verdad, su performance -otrora orgullo nacional- deja mucho que desear en varios frentes, a juzgar por varios indicadores.Veamos. El sistema se reivindica a sí mismo sobre la base de la igualdad de oportunidades. Porque aquí también prima el discurso de la equidad y de la inclusión social.Sin embargo, los pobres están muy lejos de la universidad pública y gratuita. De acuerdo a la composición social de los estudiantes, surge que el quintil más pobre tiene una matriculación en estudios superiores del 15% y el más rico del 75%.¿No era que el ingreso irrestricto abría las puertas de la universidad a los sectores populares? El país vive de mitos progresistas y uno de ellos es que la universidad pública es "popular".La llamada "movilidad social ascendente" no se verifica en los estudios superiores. En términos generales, la universidad argentina sigue siendo un espacio reservado para los sectores socioculturales más favorecidos.La pregunta parece caer por su propio peso: ¿es justo que los más pobres, que acceden a la universidad en ínfima proporción, estén pagando la educación de quienes tienen recursos?Pero además, más allá del perfil clasista del alumnado, se está frente a una estructura ineficiente. En la Universidad de Buenos Aires (UBA), la más importante del país, se recibe un 20% de los que ingresan.Es decir, esta estructura representa un costo social altísimo. En Chile y Colombia, con muchos menos alumnos, se gradúan anualmente más universitarios que en Argentina (mejor no compararnos con los países centrales).¿Y qué decir de la calidad de lo que se enseña? El sistema universitario argentino no es el que era. En términos generales, los saberes que imparte están devaluados.Además, existe un claro desequilibrio entre las demandas tecnológicas de la sociedad moderna y la actual oferta de las universidades, tanto públicas como privadas."Cada 100 abogados recibidos, se gradúan apenas 2 matemáticos y 1 físico. Los alumnos que estudian ingeniería, ciencias agropecuarias, química, física y matemática no llegan al 50% del total en las universidades públicas. En las universidades privadas, esta relación cae drásticamente al 2,5%".Eso explicó el académico Alieto Guadagni, al hacer un descarnado análisis del sistema de enseñanza superior en la Argentina. "En proporción a la población se gradúan en la Argentina menos ingenieros que en Colombia, México, Chile y Brasil, para no mencionar a China, Japón, Estados Unidos, Corea y Taiwán".Esto demuestra que la matrícula universitaria no está en función de las necesidades de un país moderno. La universidad pública, en suma, ni promueve la igualdad de oportunidades -porque los pobres no acceden a ella- ni forma recursos humanos altamente calificados para que el país salga de su subdesarrollo.Está claro que el sistema promete lo que no puede cumplir.
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