Universitarios que no descifran lo que leen
Los estudiantes que ingresan a la universidad no comprenden los textos académicos que se les da, ni mucho menos escribir párrafos con sentido echando mano al idioma estándar.El diagnóstico corresponde a José Luis Moure, doctor en Filosofía y Letras (UBA), investigador del Conicet y miembro de la Academia Argentina de Letras, aunque en realidad es un tópico compartido entre docentes terciarios y del ciclo superior.La extrañeza con el castellano académico es de tal calado, que se ha convertido casi en un idioma extranjero para los jóvenes que aspiran a estudiar una carrera, sostiene Moure.Al carecer de competencias lingüísticas necesarias para comprender un texto académico y poder reproducirlo, las casas de altos estudios se han visto en la necesidad de subsanar de algún modo ese bache en la formación.De ahí la creación de materias o programas de soporte desde el curso de ingreso con el objetivo de apuntalar el lenguaje abstracto, sin el cual es imposible el pensamiento conceptual propio de la ciencia."Pero es inadmisible que la Universidad, en esta era de vertiginoso avance del conocimiento, deba dedicar un minuto de su tiempo" a hacer lo que no hizo la escuela en 12 años, se quejó el académico en diálogo con Infobae.Se da por descontado, efectivamente, que la primaria y la secundaria se encargan de enseñar a leer y a escribir, de suerte que quienes llegan al ciclo superior dominan la lectoesctritura.Sin embargo el empobrecimiento del lenguaje que se observa particularmente en ellos, las dificultades que tienen a la hora de descifrar signos lingüísticas y de elaborar un texto sencillo con sentido, revela en realidad un fracaso del sistema formal en este punto."La educación argentina debe replantear este tema sin dilación", alerta el investigador del Conicet, quien no concibe el desarrollo de la inteligencia, o del pensamiento científico, prescindiendo del lenguaje elaborado.La comprensión del texto académico, con sus especificidades, y por otro lado la escritura en el mismo registro son dos competencias diferentes que el joven debió haber adquirido en los niveles previos del sistema.Como eso no se verifica, los que ingresan a la universidad se revelan minusválidos lingüísticos. No entienden lo que leen, no decodifican textos de cierta complejidad. Y no sólo no pueden escribir una monografía, sino que directamente no pueden contestar una pregunta teórica en un parcial."La escuela en sus niveles primario y secundario debe poner énfasis en la práctica intensiva y graduada de la lectoescritura: lectura -extensiva, en voz alta, etc-, producción escrita -resumen de contenidos, informes, composición en sus variadas formas- y corrección. La meta es la adquisición de competencia en el manejo de la propia lengua, pero en ese registro elaborado que, a fuerza de distanciamiento, se ha vuelto ajeno", sugiere el miembro de la Academia Argentina de Letras.En su opinión, urge quebrar la "deserción de la práctica cotidiana de la lectoescritura a lo largo de los doce años -primaria y secundaria", que produce "muchachos y muchachas mutilados" para la forma de comprensión y expresión que se necesita en el nivel superior.En resumidas cuentas, el académico reclama a los niveles previos del sistema que vuelvan a lo básico: a enseñar a leer y escribir. Es la condición necesaria para que los jóvenes que ingresan a la universidad puedan adquirir el saber científico.
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