Unos pierden la brújula, otros no siguen
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Además de un tanteo de la opinión pública, las primarias abrieron una ruta de destino incierto por ahora. Partidos políticos debilitados y la vieja guardia en retirada, parecen los datos más salientes de la actualidad. Mario Alarcón Muñiz Las elecciones primarias cumplieron su cometido no confesado, pero evidente. Tanto el oficialismo como la oposición, saben sin margen de error cómo se presenta el terreno. Ya no dependen de los encuestadores. Los números que dejó el comicio son los verdaderos, al menos hasta ahora. Ni muestreos ni pronósticos, sino la realidad.De los 63 días que restan no sobra ni una hora, de modo que los protagonistas aprovecharán el espacio al máximo para tratar de ratificar o modificar los resultados. Es común en estos casos que al oficialismo le asistan posibilidades más ventajosas que a sus adversarios, porque puede apelar a los múltiples resortes del poder. Su mayor o menor uso o ninguno, depende de conceptos de honestidad cívica y conducta republicana, virtudes no muy hallables en la política argentina contemporánea.Los actores están preparados y en movimiento. Recién ahora, una vez definidas las candidaturas, se elegirán los legisladores renovándose parcialmente el Congreso de la Nación. Siempre es bueno que el pueblo vote. Es lo mejor. Pero hay motivos para vaticinar que las primarias, tal como están diseñadas, tarde o temprano terminarán afectando la calidad institucional. De la intención al resultado Si se entiende que los partidos políticos, más allá de errores, malformaciones y desgastes -defectos siempre corregibles- son los pilares del sistema democrático, mal se puede aceptar calladamente un método que los fragmenta. Y esto es lo que está sucediendo.Para las primarias de dos semanas atrás se inscribieron en todo el país unos 800 partidos de diferentes dimensiones, algunos minúsculos. Esta es una realidad, por más que los argumentos de hace cuatro años, al aprobarse la ley, hayan apuntado al resultado opuesto, es decir el fortalecimiento de los partidos.Si bien la norma obliga a alcanzar en las primarias el 1,5% del padrón distrital para presentarse a la elección definitiva frenando así la multiplicación de partidos, ésta en la práctica ha aumentado de manera notable y hasta preocupante.Tal como sucede en otras áreas, confrontan los propósitos y la realidad. El enunciado de la propuesta por un lado, el resultado en la vereda de enfrente. Sucedió con YPF, el ferrocarril, el control de precios, el cepo cambiario, el blanqueo de capitales, en fin, lo que conocemos. Sin brújula Antes de asistir al definitivo naufragio de los partidos, habrá que revisar la legislación electoral y modificar lo que sea necesario. Por lo pronto en treinta años de democracia la observación no es optimista, pues se ha comprobado el lento vaciamiento de esas agrupaciones.Vaciamiento de ideas, se entiende. En cada elección las propuestas políticas tienen menos contenido, muy débil o ninguna base ideológica, no sostienen programas pensados y elaborados conforme a ideas y estrategias y suelen agotarse en cuestiones circunstanciales.La política argentina actual se practica sin brújula, porque el rumbo es lo de menos. Y esto deriva en una pérdida de calidad que se nota en los planteos, declaraciones, debates, intervenciones y estrategias de los protagonistas.¿Alguien sabía hace tres meses cuál era el pensamiento de Sergio Massa? Y citamos a un político lanzado sin disimulo a la carrera presidencial, tanto como Daniel Scioli. ¿Alguien imaginaba hace tres meses que Scioli terminaría ofreciendo la vida (un decir...) por Cristina?Bastó un trimestre y todo cambió. Massa desde el silencio pasó a ser el opositor más votado en las primarias. Fervoroso anti K, atropella todos los temas que preocupan y habla el lenguaje que la gente quiere escuchar. Cae bien. Tiene una extraña habilidad. Pero no hay seguridades de que eso alcance para gobernar.Scioli, que anduvo afilando con Massa para escaparse juntos, se quedó nomás, como Sancho, con el gobierno de la ínsula. De opositor incipiente hace tres meses, centro de las desconfianzas oficiales, controlado, en cierto modo humillado, se ha convertido en el más distinguido abanderado del oficialismo. La vieja guardia abandona A la distorsión política que padecemos se suman no pocos dirigentes y grandes medios de comunicación. Le han otorgado dimensión nacional a la lucha en la provincia de Buenos Aires, marginando al resto del país. Otro reflejo de nuestra distorsión nacional que ya suma un siglo y medio. Vale lo que sucede en Buenos Aires. Lo demás es secundario o se descuenta que irá colgado.Sin embargo, fuera del círculo porteño-bonaerense también suceden episodios políticos merecedores de atención. Para algunos observadores el "retiro voluntario" del ex senador provincial y ex embajador en Cuba, Raúl Taleb, confesando su hartazgo de la política tal como está concebida y practicada, es una señal que insinúa una tendencia: la vieja guardia abandona. No va más.Es cierto que los tiempos exigen una renovación de cuadros dirigentes y de ideas, si no viniera mal. Pero sucede que ya son muchos los mayores, peronistas o no, que se alejan compartiendo el desencanto, aunque lo silencien.Taleb salió al frente y lo dijo: "Me voy. Deben cambiar muchas cosas para que la política me vuelva a convocar"..."No me gusta que me elijan los candidatos a dedo"..."Hay que revalorizar los partidos"...Y algunas cosas más.Es innegable que no se va el puntero de la otra cuadra, sino un renombrado dirigente del justicialismo entrerriano. Su actitud puede ser imitada por otros de su generación, quizá no para cruzarse de bando, sino para manifestar una disconformidad con usos, palabras, conductas y planes personales que no comparten.
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